domingo, 26 de julio de 2026

EN PERÚ 2026 UNA NUEVA MAYORÍA PATRIOTA, DEMOCRÁTICA, DESCENTRALISTA Y HONESTA EL CONSENSO NO COMO UNA SIMPLE TÉCNICA PARLAMENTARIA, SINO COMO UN MÉTODO DE GOBIERNO

 

 

EN PERÚ 2026 UNA NUEVA MAYORÍA PATRIOTA, DEMOCRÁTICA, DESCENTRALISTA Y HONESTA

EL CONSENSO NO COMO UNA SIMPLE TÉCNICA PARLAMENTARIA, SINO COMO UN MÉTODO DE GOBIERNO

Por: Arturo Muñoz Portugal, CHC e IA

El consenso no exige identidad, sino coincidencia de intereses. Veamos un ejemplo: el rey católico Francisco I de Francia y el sultán Solimán El Magnífico del Imperio Otomano, el mayor imperio islámico de la época, a pesar que compartían muy poco en materia religiosa o cultural, sin embargo, coincidieron en un objetivo estratégico: impedir que el rey Carlos V de España estableciera una hegemonía sobre Europa. Así el consenso, la unidad entre Francisco I y Solimán nació de un interés común, no de una afinidad ideológica. Porque el consenso no consiste en pensar igual; consiste en descubrir aquello que conviene construir juntos.

EL CONSENSO ESTRATÉGICO Y EL CONSENSO ÉTICO

La alianza entre Francisco I y Solimán fue un consenso estratégico. Mientras existió un enemigo común (Carlos V) la cooperación funcionó. Cuando desapareció el enemigo común, la alianza perdió fuerza.

Ese tipo de consenso es frecuente en política:

  • coaliciones electorales;
  • pactos parlamentarios;
  • alianzas militares;
  • acuerdos comerciales.

Todos ellos son útiles, pero generalmente son temporales. La propuesta es construir un Consenso Ético. Es decir, un acuerdo que no dependa de la existencia de un enemigo común, sino de la aceptación de principios permanentes que hagan posible la convivencia y el buen gobierno. En otras palabras:

  • El consenso estratégico une intereses.
  • El consenso ético une responsabilidades.

LA ÉTICA COMO INFRAESTRUCTURA INVISIBLE

Tomando en cuenta la idea de la ética como infraestructura invisible del Estado, la diferencia entre ambos tipos de consensos se vuelve aún más clara. Francisco I y Solimán construyeron un puente, pero el puente estaba sostenido únicamente por la conveniencia política; cuando desapareció la conveniencia, el puente dejó de ser necesario. En cambio, un Estado moderno no puede sostenerse únicamente sobre intereses coyunturales.

Necesita una infraestructura más profunda:

  • confianza;
  • honestidad;
  • cumplimiento de la palabra;
  • búsqueda del bien común.

Es decir, necesita una ética compartida.

UNA POSIBLE CLASIFICACIÓN DE LOS CONSENSOS

1.    Consenso de conveniencia, basado en intereses inmediatos.

2.    Consenso estratégico, orientado a objetivos políticos o nacionales de mediano plazo.

3.    Consenso institucional, que establece reglas del juego aceptadas por todos.

4.    Consenso ético, que fija los principios que ninguna mayoría puede vulnerar.

Los tres primeros pueden cambiar con el tiempo, el cuarto debería ser la base de todos los demás.

Aplicación al Perú

Si trasladamos esta reflexión al Perú, el problema es evidente.

Los partidos suelen alcanzar consensos de conveniencia para formar mesas directivas, aprobar presupuestos o sostener gobiernos. Pero rara vez existe un consenso sobre principios fundamentales, como:

  • que el interés nacional prevalece sobre el interés partidario;
  •  que la corrupción es incompatible con el ejercicio del poder;
  • que la verdad debe anteceder a la propaganda;
  • que la dignidad de la persona constituye el límite de toda acción política.

Sin ese piso ético, cualquier consenso resulta frágil.

Conclusión

Toda alianza basada únicamente en intereses es estable mientras los intereses coinciden; toda comunidad fundada en principios puede sobrevivir incluso cuando los intereses divergen.

Esa diferencia es, quizá, la distancia entre la diplomacia de Francisco I y Solimán y la política de consensos que se necesita para la Reforma del Estado peruano. En la primera forma de alianza, el consenso es un instrumento para alcanzar un fin estratégico. En el segundo tipo de alianza, el consenso sería un método permanente de gobierno, porque descansa sobre una base ética compartida y no solo sobre cálculos de oportunidad.

Seguidamente vamos a establecer los puntos del consenso nacional estratégico al cual aspiramos. En esta propuesta hay algunos puntos que corresponde a un consenso ético. La política siempre ha buscado acuerdos, pero sólo aquellos cimentados en principios pueden aspirar a convertirse en fundamento duradero de una república.

 

UNA NUEVA MAYORÍA PATRIOTA, DEMOCRÁTICA, DESCENTRALISTA Y HONESTA

Patriota:

·       Defensa del gas de Camisea para los peruanos. No a la exportación.

·       Defensa de los recursos naturales del Perú. No a las concesiones.

·       Defensa de las empresas públicas de servicio público: agua, luz, energía. No a la privatización.

·       Defensa de la educación pública. No a la municipalización. NI a otra forma de privatización.

·       Defensa de la salud pública. Seguro universal de salud y No a las Empresas Prestadoras de Salud.

·       Defensa de los derechos de las comunidades nativas. No a la depredación de la Amazonía. Derogatoria de la Ley Forestal 31973.

·       Defensa de la inversión pública. Irrigación Majes para los peruanos.

·       Defensa de los aeropuertos. Concesión con soberanía en la propiedad y regulación.

·       Defensa de los puertos. Consolidación de ENAPU y Concesión con soberanía en la propiedad y regulación.

·       Defensa de la vida de los peruanos. Soberanía alimentaria y energética.

·       Defensa del canon, regalías e impuestos. No a las exoneraciones e incremento de los porcentajes. Pago por el mineral que extraen las empresas mineras.

·       Defensa del empleo. No a los empleos precarios y aumento de sueldos y salarios.

Democrática:

·       Respeto a la Constitución. Derogatoria de los decretos y leyes anticonstitucionales.

·       Respeto a las leyes. Derecho a la consulta popular. Inclusión constitucional del referéndum.

·       Respeto a los derechos humanos. Derechos civiles, económicos, sociales y ecológicos.

·       Respeto a la voluntad popular. No al fraude electoral.

·       Respeto a las decisiones populares. Devolver el poder al pueblo.

·       Respeto a la protesta. No a la criminalización de las luchas sociales.

·       Respeto a los humildes. Programas de Empleo e Inversión Pública dirigidos a los pobres.

Descentralista:

·       Profundización del proceso de descentralización. Autonomía política y económica regional.

·       Profundización de la integración. Formación de las Juntas Regionales. Construcción del Gran Surperuano y del Soncosuyo (Surperuano, Norte de Chile, Bolivia y Suroeste de Brasil).

·       Profundización de la regionalización política popular. Regionalización política, social y económica.

Honesta:

·       Sanción a los corruptos. Retiro de por vida de su derecho a ocupar cargos públicos.

·       Sanción a los corruptores. Pena de cárcel a las empresas e individuos que fomenten la corrupción de funcionarios y cierre de sus actividades económicas.

·       Sanción al poder judicial. Reorganización del poder judicial y elección por voto popular de los jueces.

·       Sanción al secretismo. Disponibilidad de los expedientes judiciales para su estudio por cualquier persona.

·       Sanción a los fiscales. Reorganización del Ministerio Público y elección de los fiscales por voto popular.

·       Sanción al narcotráfico. Pena de muerte a los narcotraficantes.

 

sábado, 18 de julio de 2026

PERÚ 2026 POLÍTICA DEL CONSENSO Y POLÍTICA DEL ENFRENTAMIENTO

 

 

PERÚ 2026 POLÍTICA DEL CONSENSO Y POLÍTICA DEL ENFRENTAMIENTO

Por: Arturo Muñoz Portugal, CHC e IA

Los dos ganaron la derrota y perdieron la victoria

Ni Keiko Fujimori ni Roberto Sánchez lograron reunir la voluntad mayoritaria del país; ambos obtuvieron apenas un tercio del electorado, cuentan con dos tercios que no los quieren. A pesar de ello la democracia representativa necesita un triunfador, en este caso, triunfadora, para seguir subsistiendo. El 28 de julio Keiko asumirá la presidencia con una propuesta política de enfrentamiento. Su pasado la condena y su sujeción a su padre, Alberto Fujimori, le impone la pena dada a la tiranía, a los confesos de corrupción. Una sociedad que, cuando convierte la confrontación en el fundamento de la política, puede producir vencedores electorales, pero termina generando una derrota colectiva.

Aquí algunos datos para evitar especulaciones sobre el comportamiento futuro del fujimorismo. Más allá de frases sobre la política del enfrentamiento que aplicará el fujimorismo, es valioso analizar expresiones recurrentes que construyen su conducta, en su pasado aparecen con frecuencia formulaciones como:

  • "Nos quieren destruir."
  • "Existe una persecución política."
  • "El aparato judicial está politizado."
  • "El Ejecutivo busca cerrar el Congreso."
  • "No permitiremos que nos impongan..."
  • "Defenderemos la democracia frente a quienes quieren capturar el Estado."

Estas expresiones no siempre tienen exactamente la misma redacción en cada discurso, pero responden a un mismo patrón: la construcción de un enemigo político que amenaza al movimiento y justifica una actitud de confrontación.

Frases que muestran patrones discursivos:

1.      Deslegitimación del adversario ("nos persiguen", "mienten", "quieren destruirnos").

2.      Construcción de un enemigo permanente (Poder Judicial, Fiscalía, Ejecutivo, prensa, organismos electorales, según la coyuntura).

3.      Lenguaje de resistencia ("no nos van a doblegar", "seguiremos luchando").

4.      Dicotomías ("orden o caos", "democracia o comunismo", "nosotros o ellos").

Estos patrones ofrecen una base robusta para argumentar la cercanía a una política del enfrentamiento.

Quien necesita un enemigo para existir ya ha perdido su libertad

Todo proyecto político que necesita fabricar un enemigo para conservar su unidad revela una debilidad interna: ya no cohesiona por la fuerza de sus ideales, sino por el miedo compartido. Cuando una comunidad necesita odiar para permanecer unida, ya ha comenzado a desintegrarse:

  • La política del consenso construye comunidad mediante objetivos comunes.
  • La política del enfrentamiento construye comunidad mediante enemigos comunes.

La calidad ética de un sistema político puede medirse por el origen de su cohesión: si une a los ciudadanos alrededor de un bien común, fortalece la democracia; si los une alrededor de un enemigo común, fortalece la confrontación. Normalmente, la ciencia política clasifica los regímenes según criterios como democracia, autoritarismo, presidencialismo, parlamentarismo, izquierda o derecha. Sin dejar de usar esas clasificaciones paso a proponer otra clasificación, basada en un criterio ético:

  • La política del consenso, cuya cohesión surge de un proyecto compartido.
  • La política del enfrentamiento, cuya cohesión surge de la construcción de un enemigo.

Ese cambio de perspectiva desplaza el análisis desde las instituciones hacia la cultura política. Dos países pueden tener la misma Constitución y, sin embargo, funcionar de manera muy distinta según predomine una lógica de consenso o una lógica de confrontación.

Si la ética es la infraestructura invisible del Estado, entonces la política del enfrentamiento podría definirse como una patología de esa infraestructura. Así como un puente puede verse sólido mientras sus cimientos se deterioran por dentro, un Estado puede conservar elecciones, Congreso y tribunales, pero si la confianza pública, el respeto mutuo y la disposición al diálogo se erosionan, la estructura democrática comienza a debilitarse desde sus fundamentos.

Toda política necesita un principio de cohesión. La política ética une alrededor de un bien común; la política del enfrentamiento une alrededor de un enemigo común. La primera fortalece la comunidad; la segunda fortalece la confrontación.

Durante su existencia el fujimorismo creó enemigos para poder gobernar. La aceptación por parte del fujimorismo de la política del enfrentamiento es una de sus características históricas, que muestra una lógica recurrente de confrontación con instituciones, adversarios políticos y organizaciones sociales. El Estado no se derrumba cuando pierde dinero; se derrumba cuando pierde legitimidad. Y la confrontación permanente crea inestabilidad y, como consecuencia, fabrica ilegitimidad.

1. Confrontación con el Congreso (1990-1992)

  • Desde el inicio del gobierno de Alberto Fujimori, el Ejecutivo sostuvo un conflicto permanente con el Congreso, al que acusaba de obstaculizar las reformas económicas y la lucha contra el terrorismo.
  • El conflicto culminó con el autogolpe del 5 de abril de 1992, cuando se disolvió el Congreso mediante intervención militar. (El Comercio Perú)

Relación con la política del enfrentamiento: el adversario político deja de ser un competidor democrático para convertirse en un obstáculo cuya eliminación se presenta como necesaria.

2. Intervención del Poder Judicial

Tras el autogolpe:

  • intervención del Poder Judicial;
  • reorganización del Ministerio Público;
  • intervención del Tribunal de Garantías Constitucionales;
  • reorganización del Consejo de la Magistratura. (Agencia Andina)

Predominio de la lógica amigo-enemigo sobre la autonomía institucional.

3. Militarización de la política

El autogolpe fue ejecutado con respaldo de las Fuerzas Armadas.

Hubo:

  • despliegue militar en Lima;
  • ocupación del Congreso;
  • control de instituciones públicas;
  • arresto de dirigentes políticos. (TVPerú)

4. Intervención de medios de comunicación

Durante el autogolpe fueron intervenidos diversos medios.

Posteriormente, investigaciones judiciales establecieron la existencia de pagos ilegales desde el entorno de Vladimiro Montesinos para influir sobre propietarios de medios y controlar líneas editoriales. (TVPerú)

5. Construcción del discurso "nosotros contra ellos"

El discurso oficial contrapuso:

  • gobierno vs. "partidocracia";
  • Ejecutivo vs. Congreso;
  • orden vs. caos;
  • patriotas vs. enemigos del desarrollo.

Este tipo de narrativa justificó la concentración del poder durante la década de 1990. (El Comercio Perú)

6. Nueva Constitución de 1993

Después del autogolpe se convocó a un Congreso Constituyente Democrático que elaboró la Constitución de 1993.

Entre sus efectos:

  • fortalecimiento del Poder Ejecutivo;
  • Congreso unicameral;
  • reelección presidencial inmediata. (El Comercio Perú)

7. Persecución de opositores

Diversos dirigentes políticos fueron detenidos o sometidos a vigilancia tras el autogolpe.

También fueron objeto de persecución periodistas críticos como Gustavo Gorriti. (TVPerú) Donde la ética desaparece, la ley se convierte en una herramienta.

8. Polarización frente a organismos de derechos humanos

Durante los años noventa:

  • frecuentes acusaciones contra organizaciones de derechos humanos;
  • descalificación de ONG;
  • presentación de críticos como aliados del terrorismo.

Esta estrategia fortalecía la identificación de enemigos internos. (El Comercio Perú)

9. Esterilizaciones forzadas

Entre 1996 y 2001 se ejecutó el Programa Nacional de Salud Reproductiva.

La Corte Interamericana de Derechos Humanos concluyó que existió responsabilidad internacional del Estado peruano por casos de esterilización forzada dentro de ese programa. (El País)

Desde la política del enfrentamiento, algunos autores interpretan estas políticas como expresión de una visión estatal que priorizó objetivos de gobierno por encima de derechos fundamentales.

La guerra comienza cuando la razón deja de escuchar

El triunfo sin ética es una derrota con aplausos. Ese es el significado del movimiento de gente el día de la juramentación de Keiko Fujimori. Los siguientes hechos corresponden a la etapa de Keiko Fujimori

10. Oposición confrontacional al gobierno de Ollanta Humala

Durante 2011-2016:

  • confrontaciones constantes;
  • investigaciones parlamentarias;
  • fuerte oposición política.

11. Mayoría absoluta en el Congreso (2016)

Con 73 congresistas, Fuerza Popular obtuvo mayoría absoluta.

Se produjeron enfrentamientos frecuentes con el Ejecutivo de Pedro Pablo Kuczynski.

Entre ellos:

  • numerosas interpelaciones;
  • censuras ministeriales;
  • bloqueos legislativos. (CIDOB)

12. Censura del gabinete Zavala (2017)

Por primera vez desde la Constitución de 1993, un gabinete completo fue censurado.

Este episodio profundizó el conflicto Ejecutivo-Legislativo.

13. Proceso de vacancia contra PPK

Fuerza Popular impulsó los procesos que terminaron debilitando políticamente al presidente Kuczynski hasta su renuncia.

14. Confrontación con Martín Vizcarra

Durante 2018-2019:

  • choques constantes;
  • disputa por reformas políticas;
  • enfrentamiento sobre la reforma judicial;
  • Referéndum del 2018 ganado por el pueblo: El 79,16 por ciento votó a favor de prohibir la reelección de los parlamentarios, lo que significó la renovación total del Parlamento en las elecciones del 2020 y del 2021. Asimismo, el 83,79 por ciento rechazó la idea de restituir la bicameralidad. Un 80,46 por ciento aprobó la idea de reformar el órgano que designa a los jueces. Y el 79,81 por ciento aprobó la regulación del financiamiento de los partidos políticos.

La confrontación culminó con la disolución constitucional del Congreso en 2019 por parte de Vizcarra.

15. Cuestionamiento de las elecciones de 2021

Después de la segunda vuelta presidencial:

  • presentación de cientos de recursos de nulidad;
  • denuncias de supuesto fraude sin que prosperaran judicialmente;
  • confrontación con organismos electorales. (CIDOB)

16. Conflictos con el JNE y la ONPE

El discurso político cuestionó reiteradamente a parte del sistema electoral:

  • Jurado Nacional de Elecciones;
  • ONPE;

17. Conflictos con la Fiscalía

Las investigaciones por presunto lavado de activos dieron lugar a una relación altamente conflictiva entre Fuerza Popular y el Ministerio Público.

18. Oposición al gobierno de Pedro Castillo

Durante el mandato de Pedro Castillo, Fuerza Popular mantuvo una oposición intensa y participó en iniciativas de control político, pedidos de vacancia y acusaciones constitucionales. (CIDOB)

El poder celebra sus victorias; la historia cuenta sus ruinas

Aquí algunos rasgos discursivos compatibles con la política del enfrentamiento del fujimorismo. Si se comparan estos hechos con la política del enfrentamiento, aparecen varios patrones:

  • construcción permanente de enemigos políticos;
  • identificación del adversario como amenaza al país;
  • uso frecuente de narrativas de crisis;
  • legitimación de medidas extraordinarias frente al conflicto;
  • alta polarización política;
  • confrontación reiterada con otras instituciones del Estado;
  • fuerte personalización del conflicto político;
  • escasa disposición a la cooperación con adversarios.

El conflicto más peligroso no ocurrió contra los partidos de Humala, de PPK, de Vizcarra o de Pedro Castillo, por un lado, y el fujimorismo por otro lado; sino entre la verdad y la conveniencia del fujimorismo. Así continuaron las excepciones para el fujimorismo aceptadas por su conciencia, dando pie a actitudes que favorecen al crimen y la corrupción.

Hechos que evidencian esta actitud poco democrática:

1.      Autogolpe de 1992.

2.      Disolución del Congreso.

3.      Intervención del Poder Judicial.

4.      Intervención de medios de comunicación.

5.      Persecución de opositores.

6.      Concentración del poder mediante la Constitución de 1993.

7.      Narrativa "nosotros vs. ellos".

8.      Conflicto permanente con organizaciones de derechos humanos.

9.      Conflictos entre Fuerza Popular y el Ejecutivo (2016-2019).

10. Censura del gabinete Zavala.

11. Procesos de vacancia contra PPK.

12. Enfrentamiento con Martín Vizcarra.

13. Cuestionamiento del proceso electoral de 2021.

14. Conflicto con organismos electorales.

15. Oposición sistemática al gobierno de Pedro Castillo.

16. Vacancia del presidente Pedro Castillo, cuya constitucionalidad ha sido objeto de intenso debate político y jurídico.

17. Promulgación de leyes procrimen.

En conjunto, estos episodios permiten sostener que el fujimorismo ha mostrado una tendencia recurrente a estructurar su acción política en torno a la confrontación con adversarios e instituciones.

Ningún vencedor puede gobernar sobre las cenizas de la confianza

La reforma ética del Estado no depende únicamente de nuevas leyes o de mejores instituciones. También exige una determinada cultura política. En este sentido, pueden distinguirse dos formas de ejercer la política: la política del consenso y la política del enfrentamiento.

La política del consenso parte del reconocimiento de que la sociedad es plural y que ninguna persona, grupo o partido posee toda la verdad. Su objetivo no es eliminar las diferencias, sino administrarlas mediante el diálogo, la deliberación y la búsqueda de acuerdos que beneficien al conjunto de la sociedad. El consenso no implica unanimidad ni renuncia a las propias convicciones; supone la disposición a escuchar, negociar y construir soluciones compartidas. Desde una perspectiva ética, esta forma de hacer política fortalece la confianza pública, favorece la estabilidad institucional y convierte al Estado en un espacio donde prevalece el interés general sobre los intereses particulares.

En cambio, la política del enfrentamiento entiende la competencia política como una confrontación permanente entre adversarios concebidos muchas veces como enemigos. El conflicto deja de ser un medio para debatir ideas y se convierte en un fin que moviliza emociones como el miedo, la indignación o el resentimiento. En este contexto, el diálogo se debilita, la descalificación sustituye a la argumentación y las instituciones corren el riesgo de ser utilizadas para derrotar al adversario antes que para servir a la ciudadanía. Aunque el conflicto es inherente a toda democracia y puede ser un motor de transformación cuando expresa demandas legítimas, una política basada exclusivamente en la confrontación termina erosionando la confianza social, profundizando la polarización y dificultando las reformas de largo plazo.

Desde la perspectiva de la ética como infraestructura invisible del Estado, el consenso representa un capital institucional indispensable. Así como la infraestructura física sostiene el funcionamiento de una ciudad sin ser siempre visible, la confianza, el respeto por las reglas, la cooperación y la disposición al acuerdo sostienen el funcionamiento del Estado democrático. Cuando estos elementos desaparecen, las instituciones pueden conservar su estructura formal, pero pierden eficacia y legitimidad.

La política del consenso exige virtudes éticas tanto en los gobernantes como en la ciudadanía: prudencia para reconocer los límites de las propias posiciones; honestidad intelectual para debatir con argumentos y no con desinformación; respeto por la dignidad de quienes piensan diferente; responsabilidad para privilegiar el bien común sobre el beneficio inmediato; y apertura al aprendizaje mutuo. Estas virtudes constituyen una infraestructura moral que permite que las reformas sean sostenibles y no dependan únicamente del cambio de gobiernos.

Por el contrario, cuando predomina una lógica de enfrentamiento permanente, la ética pública se debilita. La lealtad partidaria puede imponerse sobre el deber institucional, el interés electoral sobre el interés nacional y la victoria política sobre la calidad de las políticas públicas. En esas condiciones, incluso las mejores reformas administrativas encuentran dificultades para consolidarse, porque carecen del fundamento ético que las haga perdurables.

En consecuencia, una reforma del Estado inspirada en principios éticos no busca eliminar el conflicto político —que es inherente a toda democracia—, sino transformarlo en un conflicto civilizado, regulado por normas, argumentos y respeto mutuo. La verdadera fortaleza democrática no reside en la ausencia de diferencias, sino en la capacidad de convertirlas en acuerdos legítimos que permitan construir instituciones más justas, confiables y orientadas al bien común.

Esta perspectiva permite comprender que la ética no sustituye a la política; la orienta. El consenso no elimina la competencia democrática, sino que establece los límites éticos dentro de los cuales esa competencia puede desarrollarse sin poner en riesgo la cohesión social ni la legitimidad del Estado. De este modo, la ética se convierte en la infraestructura invisible que hace posible una política eficaz, responsable y verdaderamente democrática. Quien convierte toda diferencia en una guerra termina viviendo entre ruinas