martes, 6 de septiembre de 2016

Toma y daca en el presupuesto 2017 MARCHA DE LOS VALLES DEL PERÚ (II)


Año 12 – Nº 185             Arequipa, 2016, septiembre 06.           http://candela3.blogspot.com
Por: Arturo Muñoz                                                                            Candela369@gmail.com
MARCHA DE LOS VALLES DEL PERÚ (II)
Toma y daca en el presupuesto 2017
No hay secretos en la discusión del Presupuesto del Sector Público del 2017, son 142.471 millones de soles puestos sobre la mesa a repartirse entre las empresas proveedoras al estado. Estas empresas están ligadas de alguna forma a las empresas electorales, eufemísticamente llamadas partidos: Fuerza Popular (fujimontesinismo), PPK, APP, AP, APRA. Cada una tiene su lobista o sus lobistas para garantizarles el presupuesto de las obras que desean ejecutar, en los montos respectivos que les permita obtener suculentas utilidades. Si uno quiere saber cuáles son las empresas favorecidas en el presupuesto, basta echar una ojeada al listado de empresas inscritas en el Registro Nacional de Proveedores del Estado de la OSCE (Organismo Supervisor de las Contrataciones del Estado).
Eso es lo que estará en discusión a partir del 8 de septiembre, cuando el representante de estas empresas, el ministro Fernando Zavala sustente cada una de las partidas presupuestales ante los lobistas de las empresas, también eufemísticamente llamados congresistas. Zavala a cambio de otorgarles el dinero para las obras a las empresas que los congresistas representan pedirá la delegación de facultades para que el ejecutivo legisle sobre seguridad ciudadana, descentralización de Proinversión, reducción del IGV, etc.

Zavala como representante del poder ejecutivo tiene el dinero en mano, los congresistas como poder legislativo determinan a dónde va el dinero y en que montos. La conversación entre Zavala y los congresistas se da fuera del Congreso, así las largas sesiones congresales sirven al ego de los congresistas más que al interés nacional. Con muy leves modificaciones la ley del presupuesto será aprobada faltando minutos para el cierre del tiempo legal, así le ponen suspenso a la aprobación y el pueblo piense cuán difícil es elaborar el presupuesto.
Además, la cortina de humo para tapar el negociado de partidas que a cada grupo empresarial capitalista le tocará en el presupuesto es la discusión sobre si hay que bajar o no el IGV; una discusión de 500 millones de soles que tapa la verdadera cifra a repartirse entre las empresas proveedoras de unos 35 mil millones de soles (Gasto de Capital), y los más de 11 mil millones de soles destinados al pago de la deuda, cada año.

Así la discusión del presupuesto realmente es cuánto de la torta de 35 mil millones de soles le toca a cada grupo empresarial capitalista. En este toma y daca no tiene ninguna importancia la mejora de las condiciones de vida del pueblo. El Hospital General de Arequipa continuará cayéndose a pedazos y los instrumentos seguirán inservibles; mientras los médicos dejarán los servicios para volar a las clínicas privadas usando el tiempo que el estado les paga para atender a la población más pobre. Sic transit gloria mundi.


Un segundo gran tema es el uso del presupuesto para manipular a la gente sobre supuesta preocupación del estado burgués por los servicios de educación, salud y saneamiento. El papel aguanta todo, incluso la inflación de las cifras destinadas a estos dos grandes rubros, la salud y la educación; pues existe una gran diferencia entre el presupuesto inicial, el presupuesto modificado y el presupuesto ejecutado. Lo realmente ejecutado es mucho menor a lo programado inicialmente. Pero cuando se presenta el presupuesto los ministros de estos sectores se vanaglorian de haber subido el gasto en el sector. Mentira, lo subieron en la ley pero la trampa está en el gasto real a fin de año; ejecución real no llega al 70%. O sea se devuelve dinero al Tesoro Público.
Prácticamente los ministros, los administradores del sistema capitalista, elaboran un documento llamado ley de presupuesto con cifras irreales, que nunca llega a ejecutarse al 100%. De allí la enorme cantidad de alumnos que desertan, la miseria en la que viven los profesores, la penosa infraestructura escolar; sí en los años de vacas gordas nadie dijo me falta dinero, pido ampliación de presupuesto para salud y educación, para aumentar los sueldos y salarios de los trabajadores y profesionales de ambos sectores, mucho menos podemos esperar ahora que la economía entró al periodo de vacas flacas que la ejecución presupuestal mejore. Lo que mejorará sin duda son las jugosas utilidades de las empresas que demoran al infinito las construcciones o sencillamente no las hacen y ya cobraron al estado, y ya repartieron parte del botín entre los funcionarios y los lobistas.

Un tercer tema se refiere al eterno relegamiento del agro en el presupuesto. No sólo falta dinero para el agro sino políticas agrarias. En el presupuesto del 2017 se contempla mil 263 millones de soles para el agro. Si solo se construyera la represa de Paltuture se requeriría el 30% del presupuesto total del gobierno nacional destinado al agro. Es decir, una sola obra se come el presupuesto para el agro. Esa es la verdadera razón por la cual no se inicia la ejecución de esta obra tan importante para el Valle de Tambo. Y el gobierno del lobista PPK, miembro del directorio de la Southern (empresa minera que quiere explotar los yacimientos de Tía María y La Tapada pegaditos al valle), condiciona a los agricultores a que permitan el ingreso de la minera a cambio de construir Paltuture, cuyas aguas servirán también o, mejor dicho, serán usadas en mayor medida por la minera. Así funciona el Perú.



La felonía del gobierno del Ollanta Humala para con el Valle de Tambo se explicita en la ley de presupuesto del 2017 elaborada por precisamente por Humala, al no determinarse un sol partido en dos para el proyecto de la represa Paltuture. Humala es el responsable del fracaso de las licitaciones del proyecto Paltuture. Y esa traición es compartida ahora por el gobierno de PPK, cuyo ministro de agricultura ni siquiera ha asomado las narices por el Valle de Tambo.
Aunque la economía está desacelerándose por ningún lado el presupuesto intenta una reactivación para todos, sólo se ven obras de cemento y fierro, dejando de lado el incentivo a la formación de empresas productivas.

Exigir un presupuesto que incentive la producción antes que el comercio y el extractivismo, un presupuesto que privilegie al agro, un presupuesto que garantice servicios públicos de salud y educación gratuitos y de calidad, debe ser la bandera del movimiento social.




lunes, 5 de septiembre de 2016

MARCHA DE LOS VALLES DEL PERÚ (I)


Año 12 – Nº 184             Arequipa, 2016, septiembre 05.           http://candela3.blogspot.com
Por: Arturo Muñoz                                                                            Candela369@gmail.com
MARCHA DE LOS VALLES DEL PERÚ (I)
PPK, un paso al más allá
Si de algo debemos estar seguros es que el gobierno de PPK es un paso más al abismo. Apenas iniciado su gobierno los precios de las medicinas y los alimentos subieron un 25 % en promedio, mientras los precios de las casas y los automóviles bajaron un 10%; es el síntoma del frenazo de la economía, la gente no tiene dinero para comprar artículos no indispensables para vivir, mientras los empresarios que venden los artículos esenciales para la vida los aumentan, así incrementan sus ganancias antes de la quiebra general de economía peruana en un futuro cada vez más cercano.

PPK repite lo de siempre de los capitalistas cuando entra el sistema en crisis, necesitamos ajustarnos los cinturones; mejor dicho, el pueblo tiene que ajustarse el cinturón. Lo ha anunciado, a fin de año miles de trabajadores estatales serán despedidos, los sin estabilidad, los con contratos chatarra, los cas, los independientes sin militancia fujimontesinista o aprista, serán los primeros. Para evitar la protesta de los despedidos estatales, como en Argentina, han infiltrado entre los empleados estatales unos miles más de esquiroles fujimontesinistas y apristas.

Dos sectores están en la mira, salud y educación. Hasta ahora no tocados por las reingenierías aplicadas en el Estado desde 1990. Alrededor de 350 mil docentes en el sector público, a quienes les prometió aumentarles el sueldo, promesa incumplida en el presupuesto del 2017, al no incluir la partida para realizar el aumento. Y un promedio de 130 mil trabajadores y profesionales en el sector salud estatal (MINSA); a los que se suman otros 50 mil trabajadores de EsSalud (entidad paraestatal), constantemente en paralizaciones por mejoras salariales y de condiciones laborales.


Despedir en una economía desacelerada es aumentar el caldo de cultivo de la delincuencia, pues la burocracia peruana resalta por el grado de corrupción, lo cual echará al tacho de basura cualquier estrategia de disminuir la criminalidad. Los trabajadores y profesionales de la salud y de educación sin consciencia social, sin valores, sin organización gremial y, mucho menos, sin formación política, responderán limitadamente la agresión de la derecha neoliberal, que controla el ejecutivo y el legislativo.
A los despidos en el sector público hay que sumar los del sector privado. El gobierno de PPK va a terminar de dar todas las facilidades a los capitalistas para reducir el costo de los despidos. Cientos de fábricas con trabajadores estables, con derechos, van a cerrar y reabrirán con trabajadores con salarios africanos. Ese es el camino emprendido por Aceros Arequipa.

Como fichas de dominó caerán los empleos precarios en los sectores de servicios y comercio. Los inmediatamente afectados serán los taxistas, al verse reducida la demanda de clientes. Durante 10 años las tarifas de las carreras de taxistas  se han incrementado en un 100%, aun así las subas han sido soportadas por los clientes sin afectar las utilidades de los choferes de taxis. Pero al reducirse el número de trabajadores estatales y privados consecuentemente también disminuirá el número de servicios, reduciéndose el tamaño de la torta a repartirse entre un crecimiento número de taxistas. Esta reducción afectará a la mayor parte de trabajadores independientes en la región Arequipa, por ejemplo, en la cual el 60% de la PEA esta en los sectores servicios y comercio.


Ese es el panorama de la continuidad del capitalismo neoliberal por el gobierno de PPK para los trabajadores. La dimensión desconocida del desempleo, alejada de la mente de los trabajadores en el periodo de las vacas gordas de los precios elevados de los commodities (minerales, materias primas), acecha en el futuro cercano y caerá como rayo en cielo sereno agarrándolos desprevenidos como lo ha hecho con los trabajadores de Aceros Arequipa.
Recién en ese momento entenderán lo errado de haberse alejado de la política, de la indiferencia mostrada ante la lucha contra la contaminación ambiental (en especial del agua), a las explosiones de los pueblos por defender el agro como fuente de trabajo seguro para millones de familias frente al saqueo de las transnacionales mineras. El rechinar de dientes será tan fuerte y tan impotente ante un estado opresor con leyes dictadas por García y Humala, que santifican la impunidad policial y militar si disparan contra el pueblo en justa protesta.

Pero nunca es tarde para organizarse, para luchar, para estudiar las alternativas políticas, para construir un partido de los trabajadores del campo y la ciudad.



jueves, 11 de agosto de 2016

domingo, 7 de agosto de 2016

PERÚ: PORQUE LA DELINCUENCIA NO VA A SER ERRADICADA



PERÚ: PORQUE LA DELINCUENCIA NO VA A SER ERRADICADA

El Padrino de Mario Puzzo

Amerigo Bonasera estaba sentado en la Sala 3 de lo Criminal de la Corte de Nueva York. Esperaba justicia. Quería que los hombres que tan cruelmente habían herido a su hija, y que, además, habían tratado de deshonrarla, pagaran sus culpas.

El juez, un hombre de formidable aspecto físico, se recogió las mangas de la toga, como si se dispusiera a castigar físicamente a los dos jóvenes que permanecían de pie delante del tribunal. Su expresión era fría y majestuosa. Sin embargo, Amerigo Bonasera tenía la sensación de que en todo aquello había algo de falso, aunque no podía precisar el qué.

– Actuaron ustedes como unos completos degenerados –dijo el juez, severamente.

Eso, eso, pensó Amerigo Bonasera. Animales. Animales. Los dos jóvenes, con el cabello bien cortado y peinado, y el rostro claro y limpio, eran la viva imagen de la contrición. Al oír las palabras del juez, bajaron humildemente la cabeza.

– Actuaron ustedes como bestias salvajes –prosiguió el juez–; y menos mal que no agredieron sexualmente a aquella pobre chica, pues ello les hubiera costado una pena de veinte años.

El representante de la justicia hizo una pausa. Sus ojos, enmarcados por unas cejas sumamente pobladas, miraron disimuladamente al pálido Amerigo Bonasera, para luego detenerse en un montón de documentos relacionados con el caso que tenía delante. Frunció el ceño, como si lo que iba a decir a continuación estuviera en desacuerdo con su punto de vista.

– Pero teniendo en cuenta su edad, su limpio historial, la buena reputación de sus familias... y porque la ley, en su majestad, no busca venganzas de tipo alguno, les condenó a tres años de prisión. La sentencia queda en suspenso.
15.07.2016 | 22:57 pm
Ayacucho: agresor que golpeó a mujer en hostal fue excarcelado esta tarde
La sala consideró que Adriano Pozo ocasionó "lesiones leves" a su víctima. Hoy fue trasladado del penal hacia una de las propiedades de su familia



Gracias a que llevaba cuarenta años en contacto más o menos directo con el dolor, pues era propietario de una funeraria, el rostro de Amerigo Bonasera no dejó traslucir en absoluto la decepción y el inmenso odio que le embargaban. Su joven y bella hija estaba todavía en el hospital, reponiéndose de su mandíbula rota ¿y aquellas dos bestias iban a quedar en libertad? ¡Todo había sido una farsa! Miró a los felices padres, que en ese momento rodeaban a sus queridos hijos, y pensó que eran plenamente dichosos; no cabía la menor duda, sus sonrisas así lo indicaban.
Por la garganta de Bonasera subió una hiel negra y amarga, que le llegó a los labios a través de los dientes fuertemente apretados. Se limpió la boca con el blanco pañuelo que llevaba en el bolsillo. En aquel preciso instante los dos jóvenes pasaron junto a él, sonrientes y confiados, sin dignarse a dirigirle una mirada. Bonasera no dijo nada; se limitó a apretar el pañuelo contra sus labios.

Los padres de las bestias iban detrás. Tanto ellos como ellas tenían más o menos su edad; pero vestían de forma más americana. Le miraron a hurtadillas. La vergüenza se reflejaba en sus caras, aunque en sus ojos brillaba una luz triunfante. Entonces Bonasera perdió el control.


– ¡Os prometo que lloraréis como yo he llorado! –gritó amargamente–. ¡Os haré llorar como vuestros hijos me hacen llorar a mí! –había llevado el pañuelo hasta sus ojos.

Los abogados defensores, con la mano en el brazo de sus defendidos, indicaron a éstos que siguieran pasillo adelante, pues los dos jóvenes habían retrocedido unos pasos, como si quisieran proteger a sus padres, aunque ya un gigantesco alguacil corría para cerrar el paso a Bonasera. Pese a todo, no era necesario.

Durante los años que llevaba en América, Amerigo Bonasera había confiado en la ley, y no había tenido problemas. En ese momento, a pesar de que en su cerebro hervía el odio, a pesar de sus inmensos deseos de comprar un arma y matar a los dos jóvenes, Bonasera se volvió hacia su mujer, que todavía no se había dado cuenta de la farsa que se había desarrollado ante sus ojos.

– Nos han puesto en ridículo –le dijo.

Guardó silencio y luego, con voz firme, sin temor alguno al precio que pudieran exigirle, añadió:

– Si queremos justicia, deberemos arrodillarnos ante Don Corleone.

………………………
Amerigo Bonasera siguió a Hagen hasta el despacho, donde encontró a Don Corleone sentado detrás de una mesa imponente. Sonny Corleone estaba de pie junto a la ventana, mirando al jardín. Por vez primera en el curso de aquella tarde, el Don se conducía con frialdad. No abrazó ni dio la mano al visitante. El pálido empresario de pompas fúnebres debía su invitación al hecho de que su esposa y la del Don eran amigas íntimas. En cuanto a Amerigo Bonasera, el Don estaba muy resentido con él.

Bonasera empezó su petición hábilmente y dando muchos rodeos.

– Debe usted excusar a mi hija, la ahijada de su esposa, por no haber venido hoy. Todavía está en el hospital. Miró a Sonny Corleone y a Tom Hagen, como indicando que no quería hablar delante de ellos. Pero el Don no quiso darse por enterado.

– Todos sabemos la desgracia que ha padecido tu hija –dijo Don Corleone–. Si puedo ayudarla de algún modo, no tienes más que hablar. Después de todo, mi esposa es su madrina. Nunca he olvidado ese honor. Eso era una reprimenda. El empresario de pompas fúnebres nunca había llamado “Padrino” a Don Corleone.


– ¿Puedo hablar con usted a solas? –preguntó Bonasera, ruborizado.

– Tengo absoluta confianza en estos dos hombres –dijo Don Corleone, negando con la cabeza–. Ambos constituyen mi brazo derecho. No puedo insultarlos enviándolos fuera de esta habitación.

Bonasera cerró los ojos durante un segundo y luego empezó a hablar. Su voz era apenas audible, la misma que empleaba para consolar a los familiares de los muertos.

– He dado a mi hija una educación americana. Creo en América. Este país ha hecho mi fortuna. He concedido a la chica absoluta libertad, pero le he enseñado siempre que no debía hacer nada que pudiera avergonzar a su familia. Se hizo amiga de un muchacho no italiano. Iba al cine con él, regresaba a casa muy tarde... Pero el muchacho nunca vino a saludarnos, como padres de ella que somos. Lo acepté todo sin protestar; la falta es mía. Hace dos meses, él y otro chico se la llevaron a dar un paseo en coche. Los dos hicieron beber whisky a mi hija y luego trataron de abusar de ella. Mi hija resistió, supo guardar su honra. Entonces le pegaron como si fuera una bestia. Cuando acudí al hospital, tenía los ojos morados, la nariz rota, la mandíbula destrozada. La pobre no cesaba de llorar. “¿Por qué lo han hecho, papá? ¿Por qué tenían que hacerme esto?” No pude contenerme; yo también me eché a llorar.



Bonasera no pudo decir nada más. Estaba sollozando, a pesar de que su voz no había traicionado la emoción que sentía.

Don Corleone, como a pesar de sí mismo, hizo un gesto de simpatía, y Bonasera continuó, con la voz ahora rota por el sufrimiento:

– ¿Por qué lloré en el hospital? Ella era la luz de mi vida, era una hija muy cariñosa y muy hermosa. Confiaba en la gente, pero ahora nunca más confiará en nadie. Ya nunca volverá a ser hermosa.

Estaba temblando y su rostro, por lo general pálido, había adquirido un intenso color grana.

– Acudí a la policía –prosiguió–, como todo buen americano, y los dos muchachos fueron arrestados. Las pruebas eran abrumadoras. Se confesaron culpables y el juez los condenó a tres años de cárcel, pero suspendió la sentencia. Salieron en libertad el mismo día. Yo estaba de pie en la sala del tribunal, y comprendí que había hecho el ridículo. Al pasar, esos dos me sonrieron con sorna. En ese preciso instante le dije a mi esposa: “Debemos acudir a Don Corleone, si queremos que se haga justicia”.

El Don tenía la cabeza inclinada en señal de respeto por la pena de Bonasera. Sin embargo, cuando habló, las palabras sonaron frías, con la frialdad de la dignidad ofendida.

– ¿Por qué acudiste a la policía? ¿Por qué no viniste a mí desde el primer momento?

– ¿Qué quiere de mí? – Dijo Amerigo Bonasera con voz apenas perceptible–. Pídame lo que quiera, pero atienda a mi ruego.

Pese a sus palabras, su tono tenía cierto deje de insolencia.

– ¿Y qué es lo que me pides? –dijo Don Corleone, con voz grave.

Bonasera miró a Hagen y a Sonny Corleone y negó con la cabeza. El Don, sentado todavía en la mesa de Hagen, se inclinó hacia el empresario de pompas fúnebres. Bonasera dudaba. Luego acercó los labios a la velluda oreja del Don, hasta rozarla. Don Corleone escuchó tal como lo hace un cura en el confesionario: con la mirada ausente, impasible, remota. Estuvieron así durante mucho rato. Al cabo Bonasera se enderezó, se separó del Don, que le miraba gravemente, y con la faz encendida sostuvo aquella mirada.

– Eso no puedo hacerlo –respondió el Don finalmente–. No hay nada que hacer.

– Pagaré todo lo que me pida –dijo Bonasera en voz alta y clara.

Al oír estas palabras, Hagen hizo un movimiento nervioso con la cabeza. Sonny Corleone, con los brazos cruzados, sonrió sardónicamente y se alejó de la ventana para acercarse a los otros tres.

Don Corleone se levantó con el rostro tan impasible como siempre.

– Tú y yo hace muchos años que nos conocemos –dijo con una voz helada como la muerte–. A pesar de ello, hasta hoy nunca me habías pedido consejo ni ayuda. Ni siquiera soy capaz de recordar cuándo fue la última vez que me invitaste a tu casa para tomar café, a pesar de que mi esposa es la madrina de tu única hija. Seamos francos: has rechazado mi amistad porque no querías deberme nada.

– No quería verme envuelto en líos –murmuró Bonasera.

El Don levantó la mano en señal de disconformidad.

– No. No hables. Creías que América era un paraíso. Tenías un buen negocio y vivías muy bien. Pensabas que el mundo era un edén del que podías tomar todo lo bueno. Nunca te has preocupado de rodearte de buenos y verdaderos amigos. Después de todo ya tenías a la policía y los tribunales para protegerte. Nada malo podía ocurrir; ni a ti ni a los tuyos. Para nada necesitaban a Don Corleone. Muy bien. Has herido mis sentimientos, y no soy de los que dan su amistad a quienes no saben apreciarla, a quienes no me tienen en consideración.

El Don hizo una pequeña pausa, y antes de continuar dirigió a Bonasera una sonrisa a la vez cortés e irónica.

– Ahora acudes a mi diciendo: “Don Corleone; quiero que haga justicia”. Y no sabes pedir con respeto. No me ofreces tu amistad. Vienes a mi casa el día de la boda de mi hija, me pides que mate a alguien y dices –aquí el Don se puso a imitar la voz y los gestos de Bonasera–: “Pagaré todo lo que me pida”. No, no. No te guardo rencor, pero ¿puedes decirme qué te he hecho para que me trates con esta absoluta falta de respeto?

– América se ha portado bien conmigo. Quería ser un buen ciudadano y que mi hija fuera americana – dijo Bonasera, con la voz ahogada por la angustia y el temor.

El Don aplaudió.

– Has hablado bien, pero que muy bien. Así pues, de nada puedes quejarte. El juez ha dictado sentencia. América ha dictado sentencia. Cuando vayas al hospital, lleva a tu hija un ramo de flores y una caja de bombones, eso la consolará. ¡Alégrate, hombre! Después de todo, no ha sido nada grave; los muchachos eran jóvenes y alegres, y uno de ellos es hijo de un político muy influyente. No, mi querido Amerigo, siempre has sido honrado. A pesar de que hayas despreciado mi amistad, debo admitir que para mí la palabra de Amerigo Bonasera vale más que la de cualquier otro hombre. En fin, dame tu palabra de que vas a olvidarte de todo, como harían los americanos. Perdona y olvida. La vida está llena de desgracias.



La cruel y desdeñosa ironía de estas palabras, la ira contenida del Don, hicieron temblar al pobre empresario de pompas fúnebres, quien, a pesar de todo, aún encontró fuerzas para decir con arrogancia:

– Sólo le pido que haga justicia.

– El tribunal ya hizo justicia –adujo Don Corleone, con sequedad.

– No –replicó Bonasera, con un gesto de obstinación–. Hizo justicia a los jóvenes, pero no a mí.

Con una ligera inclinación, el Don dio a entender que había sabido apreciar la sutil diferencia.

– ¿Cuál es tu justicia? –preguntó seguidamente.

– Ojo por ojo –respondió Bonasera.

– Has pedido más. Tu hija está viva –señaló el Don.

– Que sufran como sufre ella –convino Bonasera.

El Don aguardó a que el otro siguiera hablando. Bonasera hizo acopio de valor.

– ¿Cuánto quiere? –dijo en tono desesperado.

Don Corleone le volvió la espalda, queriendo indicar que la entrevista había terminado. Pero Bonasera no se movió.

Finalmente, como un hombre de buen corazón que no puede enfadarse con un amigo descarriado, Don Corleone se volvió hacia el empresario de pompas fúnebres, que estaba tan pálido como uno de sus cadáveres. No cabía duda; Don Corleone era amable y paciente.

– Ante todo ¿por qué temes mostrarme lealtad? –dijo–. Acudes a los tribunales y tienes que esperar meses. Te gastas el dinero en abogados que saben perfectamente que sólo conseguirás ponerte en ridículo. Aceptas la sentencia de un juez que se vende como la peor de las rameras. Años atrás, cuando necesitabas dinero, ibas a los bancos, pagabas unos intereses ruinosos y aguardabas, sombrero en mano, como un pordiosero, mientras ellos metían sus narices en tus asuntos para asegurarse de que podrías devolverles el dinero.




Después de hacer una pequeña pausa, la voz del Don se endureció.

– En cambio, si hubieses acudido a mí, mi bolsa hubiera sido tuya. Si hubieses acudido a mí en demanda de justicia, aquellos cerdos que dañaron a tu hija estarían llorando amargamente desde hace tiempo. Si por desgracia, por circunstancias de la vida, un hombre honrado como tú se hubiese creado algún enemigo, éste se hubiera convertido automáticamente en enemigo mío –el Don apuntó con el dedo a Bonasera–. Y créeme, te hubiese temido.

Bonasera inclinó la cabeza.

– Quiero su amistad. La acepto –murmuró.

Don Corleone apoyó la mano sobre el hombro de Bonasera.

– Bien, tendrás justicia –aseguró–. Algún día, un día que tal vez nunca llegue, te llamaré para pedirte algún pequeño servicio. Hasta entonces, considera esta justicia como un regalo de mi esposa, la madrina de tu hija.

Cuando la puerta se cerró detrás del agradecido empresario de pompas fúnebres, Don Corleone se volvió a Hagen.

– Encarga este asunto a Clemenza y dile que se asegure de emplear gente preparada, gente que no se emborrache con el olor de la sangre –ordenó–. Después de todo, y aunque este ayuda de cámara de cadáveres desee lo contrario, no somos asesinos.


Notó que su hijo mayor, desde la ventana, estaba contemplando la fiesta que se desarrollaba en el jardín. Don Corleone pensó que era un caso perdido. Si se negaba a aprender, Santino nunca podría hacerse cargo de los negocios familiares, nunca podría llegar a ser un Don. Tenía que encontrar a algún otro, y pronto. Después de todo, él, Don Corleone, no era inmortal.