sábado, 12 de septiembre de 2026

PASADO Y PRESENTE DE LA DEMOCRACIA EN EL PERÚ II el capital militar se transforma en poder institucional, poder informal o poder electoral

 

 

PASADO Y PRESENTE DE LA DEMOCRACIA EN EL PERÚ II

el capital militar se transforma en poder institucional, poder informal o poder electoral

Por: Arturo Muñoz Portugal, CHC e IA

Por primera vez, con la elección de Ollanta Humala en 2011, desde el retorno democrático de 1980, un oficial que había protagonizado una rebelión siendo militar en actividad llegó a la Presidencia mediante elecciones. El militar llega al centro del Estado. La secuencia es la siguiente: Ollanta Humala, oficial activo del Ejército, se rebela en Locumba en octubre del año 2000 y en diciembre es pasado al retiro. Posteriormente, crea el Partido Nacionalista, participa en las elecciones de 2006 y gana la Presidencia en 2011.

¿Qué ocurre con el capital militar cuando su portador ya no está fuera del Estado, sino que se convierte en jefe del Estado? Desde el punto de vista personal, es necesario analizar a Humala y su trayectoria militar; desde el ángulo del Gobierno, estudiar cómo los militares y policías retirados han sido incorporados a posiciones políticas o administrativas; y, desde la perspectiva institucional, observar la relación entre la Presidencia, el Ministerio de Defensa, los comandos militares y los organismos de inteligencia.

Con Fujimori teníamos a un personaje que asumía la Presidencia civil, apoyado por el sector de inteligencia y con una estrecha relación con las Fuerzas Armadas. Humala cambia la dirección del flujo: aparece potencialmente el movimiento inverso, un individuo con trayectoria militar que asume la Presidencia y ejerce el control político del sector Defensa.

Esto no significa automáticamente «militarización». Al contrario, una persona de origen militar puede ejercer un gobierno plenamente constitucional. Por eso es necesario separar el origen militar del gobernante de la naturaleza militar del régimen.

Porque el verdadero indicador de militarización no es quién gobierna, sino cómo gobierna. Que un presidente haya sido militar no significa que el régimen sea militar. Velasco tuvo un origen militar y sí encabezó un gobierno militar. Por el contrario, Fujimori no tuvo origen militar, pero sí formó parte de un aparato de inteligencia estrechamente vinculado con las Fuerzas Armadas y, por ello, produjo una importante militarización de la política, dirigiendo un régimen cívico militar.

Esto nos permite construir la siguiente Matriz de Origen.

2016: COMIENZA LA ETAPA DE LA FRAGMENTACIÓN

Con Pedro Pablo Kuczynski cambia nuevamente el escenario. Ya no tenemos el modelo de un militar que asume la Presidencia, sino el de un civil elegido presidente. Sin embargo, el Perú entra en una fase de enorme inestabilidad política.

Y esto es importante porque, cuando disminuye la legitimidad del sistema político, aumenta el valor relativo de las instituciones que conservan:

·         organización;

·         disciplina;

·         jerarquía;

·         presencia territorial;

·         capacidad logística;

·         reconocimiento público.

Entre ellas se encuentran las Fuerzas Armadas y la Policía, pero también otras instituciones con capacidad de organización y presencia social, como la Iglesia Católica.

Entonces, la influencia militar puede aumentar no porque los militares conquisten el poder, sino porque las instituciones civiles pierden capacidad de gobierno.

2017–2020: LA CRISIS POLÍTICA MODIFICA EL EQUILIBRIO

Producto del acoso a PPK por parte de la bancada fujimorista, Kuczynski renuncia y es sucedido por Martín Vizcarra, quien disuelve el Congreso. Posteriormente, el Congreso vaca a Vizcarra y asume la Presidencia el presidente del Congreso, Manuel Merino, quien también es obligado a renunciar y es reemplazado por Francisco Sagasti.

Durante estos años aparecen repetidamente tres instituciones: Presidencia, Congreso y Fuerzas Armadas/Policía.

¿Intervinieron los militares? ¿En qué momentos se convirtió su posición institucional en un factor decisivo para resolver una crisis política?

La crisis de noviembre de 2020 es especialmente importante. Martín Vizcarra es vacado; Manuel Merino asume la Presidencia; se produce una fuerte movilización ciudadana y, finalmente, Merino renuncia. Francisco Sagasti asume la Presidencia.

En ese contexto, la posición de las Fuerzas Armadas adquiere enorme relevancia, porque la transferencia del poder ocurre bajo una situación de elevada tensión política.

Nace así una categoría nueva: poder de arbitraje institucional.

Esto no significa necesariamente que las Fuerzas Armadas gobiernen. Significa que la posición que adopten puede afectar significativamente el resultado de una crisis constitucional. Ese poder puede existir incluso sin una intervención militar directa.

2021: CASTILLO Y UNA NUEVA RELACIÓN CON LAS FF. AA.

Con Pedro Castillo aparece otro fenómeno. El nuevo gobierno enfrenta desde el inicio a un Congreso hostil, generándose una crisis institucional, conflictos sociales, cambios frecuentes de ministros y una tensión permanente con las Fuerzas Armadas y la Policía.

Nuevamente encontramos una paradoja: el poder militar puede estar formalmente subordinado y, al mismo tiempo, ser políticamente indispensable.

7 DE DICIEMBRE DE 2022: LA PRUEBA DEFINITIVA

El intento de Pedro Castillo de disolver el Congreso y reorganizar el Estado constituye otro punto crítico.

Aquí aparece una cuestión central:

¿Qué hizo la estructura militar?

Sin necesidad de interpretar políticamente la respuesta, resulta interesante observar la conducta institucional:

¿Reconocieron la orden?

¿La ejecutaron?

¿La rechazaron?

¿A quién reconocieron como autoridad constitucional?

La respuesta permite medir algo que denominaremos Índice de Subordinación Constitucional (ISC).

Es decir, la capacidad de las Fuerzas Armadas para mantenerse dentro de la cadena constitucional durante una ruptura política.

Esto es tan importante como medir su influencia. Porque una democracia sólida no necesita que los militares sean políticamente irrelevantes. Necesita que sean institucionalmente fuertes y políticamente subordinados.

2022–2026: APARECE OTRA DIMENSIÓN

Después de Castillo, Dina Boluarte asume la Presidencia. La cuestión militar adquiere nuevamente importancia por diversos factores:

  • seguridad interna;
  • protestas;
  • estados de emergencia;
  • apoyo logístico;
  • fronteras;
  • narcotráfico;
  • minería ilegal;
  • desastres;
  • control territorial.

Aquí debemos introducir una distinción fundamental entre militarización política —cuando las Fuerzas Armadas influyen sobre las decisiones políticas— y militarización de la seguridad —cuando las Fuerzas Armadas asumen tareas de seguridad interna—.

Una puede aumentar sin que necesariamente aumente la otra.

Por ejemplo, más militares en las calles no significa automáticamente más militares controlando el Estado.

Así, el IMP-Perú llega a contar con ocho dimensiones.

Para complementarlo hay que añadir el ISC —Índice de Subordinación Constitucional—, porque no se debe confundir influencia con ruptura democrática.

Al cruzar el IMP —¿cuánto peso político tienen los militares? — con el ISC —¿cuánto respetan las Fuerzas Armadas la autoridad constitucional? — tenemos cuatro escenarios.

La pregunta central para 2026

¿Ante qué escenario estamos?

Escenario A: Desmilitarización progresiva

Escenario B: Militarización silenciosa

Escenario C: Militarización electoral

Escenario D: Militarización por crisis

Escenario E: Institucionalización de las Fuerzas Armadas

La impresión es que el Perú puede estar experimentando simultáneamente A, C, D y E en diferentes dimensiones.

Eso explicaría por qué la realidad parece contradictoria.

El mapa definitivo de cuatro décadas

En el periodo 1968–1980, un militar controla el Estado y establece un gobierno militar.

Para el periodo 1980–1990, tenemos el retorno a la democracia y se establece una relación de soporte a la democracia por parte de las Fuerzas Armadas, particularmente en el ámbito de la seguridad interna.

Con respecto al periodo 1990–2000, un civil gana la Presidencia, sostenido por el aparato de inteligencia, con una alta injerencia de las Fuerzas Armadas. Por ende, el control político adquiere un carácter cívico-militar.

Luego, el periodo 2000–2006 corresponde a una etapa de transición y desmontaje del aparato cívico-militar, con el objetivo de restablecer una democracia que ejerza nuevamente el control civil.

Al llegar al periodo 2006–2011, un militar retirado crea un movimiento nacionalista, conquista electores, triunfa en las elecciones de 2011 y ocupa la Presidencia a partir de ese año.

Para el periodo 2011–2016, un personaje de origen militar ejerce la Presidencia respetando las instituciones democráticas.

Finalmente, el periodo 2016–2026 está marcado por una gran crisis de la política civil, en la que el Congreso entra en conflicto con el Ejecutivo, haciendo que las Fuerzas Armadas y la Policía asuman un papel creciente en materia de seguridad y, potencialmente, de arbitraje institucional.

Una conclusión a partir de lo expuesto

No se trata de una historia de militares que entraron en política, sino de la historia de la transformación del poder militar en el Perú, 1980–2026.

El poder militar vive una permanente metamorfosis, en coherencia con la gravedad de los conflictos políticos y sociales y en función de la gravedad o relativa estabilidad de las crisis económicas. En determinadas coyunturas, puede ingresar abiertamente en el campo político para contribuir a superar momentos críticos que amenazan el poder de una élite; en otras, puede permanecer tras bastidores, conservando capacidad de influencia sin asumir directamente el gobierno.

Y la secuencia que aparece es la siguiente:

GOBIERNO MILITAR → SEGURIDAD INTERNA → MILITARIZACIÓN DEL PODER CIVIL → DESMONTAJE DEL APARATO MILITAR O CÍVICO-MILITAR → CONTROL CIVIL → CONVERSIÓN ELECTORAL DEL CAPITAL MILITAR → MILITAR EN LA PRESIDENCIA → CRISIS DE LA POLÍTICA CIVIL → REVALORIZACIÓN DEL PODER INSTITUCIONAL MILITAR.

Cuando un personaje de origen militar postula en un proceso electoral, a esa postulación se le puede denominar conversión electoral del capital militar.

Si el individuo vence en las urnas, se produce un militar en la Presidencia.

Un posible desenlace al finalizar el periodo de un militar en la Presidencia es el ocurrido posteriormente en el Perú: una crisis de la política civil, que lleva nuevamente a una revalorización del poder institucional militar.

Las cinco puertas de entrada al poder para una persona de origen militar

PUERTA 1 — COMANDO MILITAR

Comandante General del Ejército, Marina, FAP o jefe del Comando Conjunto.

Militar → institución militar → influencia estatal

PUERTA 2 — INTELIGENCIA

SIN, inteligencia militar, inteligencia policial y organismos sucesores.

Militar → información → poder político

Esta categoría será particularmente importante para el periodo 1990–2000.

PUERTA 3 — EJECUTIVO

Ministro de Defensa, ministro del Interior, asesor, funcionario o jefe de organismo.

Militar → administración pública → poder ejecutivo

PUERTA 4 — CONGRESO

Senador, diputado, congresista o miembro de comisiones.

Militar → partido → representación → legislación

PUERTA 5 — ELECCIONES PRESIDENCIALES

Candidato presidencial proveniente de las Fuerzas Armadas o de la PNP.

Militar → partido → electorado → Presidencia

MATRIZ NOMINAL POR PUERTA DE INGRESO

*En el caso de Montesinos tendremos que distinguir cuidadosamente entre grado, situación de retiro y posición real de poder. No debemos convertir automáticamente la condición de «exmilitar» en la de «miembro activo de las Fuerzas Armadas».

Una constatación es que la conversión electoral del capital militar ha estado fuertemente concentrada en el Ejército. Esta conversión se presenta con mayor frecuencia en el Ejército que en la Marina o la FAP.

Con la Matriz Nominal por Puerta de Ingreso se podrá responder a cinco preguntas:

1. ¿El Ejército domina históricamente la conversión militar-política?

2. ¿La Marina y la FAP tienen rutas diferentes de influencia?

3. ¿La inteligencia constituye una vía independiente de poder?

4. ¿Los militares retirados funcionan como una élite política organizada?

5. ¿La influencia militar ha disminuido realmente desde 1980 o simplemente ha cambiado de mecanismo?

La tesis que emerge es la siguiente:

El problema no es determinar si los militares participan o no en la política peruana. El problema es identificar los mecanismos mediante los cuales el capital militar —rango, organización, conocimiento, redes, prestigio, información y experiencia de Estado— se transforma en poder institucional, poder informal o poder electoral.

Por tanto, el objeto de estudio deja de ser simplemente la participación de los militares en política y se convierte en un estudio de la circulación de las élites y de la transformación del poder.

No hay comentarios:

Publicar un comentario