PERÚ 2026 POLÍTICA DEL CONSENSO Y POLÍTICA DEL ENFRENTAMIENTO
Por: Arturo Muñoz Portugal, CHC e IA
Los dos ganaron la derrota y perdieron la victoria
Ni Keiko
Fujimori ni Roberto Sánchez lograron reunir la voluntad mayoritaria del país;
ambos obtuvieron apenas un tercio del electorado, cuentan con dos tercios que
no los quieren. A
pesar de ello la democracia representativa necesita un triunfador, en este
caso, triunfadora, para seguir subsistiendo. El 28 de julio Keiko asumirá la
presidencia con una propuesta política de enfrentamiento. Su pasado la condena
y su sujeción a su padre, Alberto Fujimori, le impone la pena dada a la tiranía,
a los confesos de corrupción. Una
sociedad que, cuando convierte la confrontación en el fundamento de la
política, puede producir vencedores electorales, pero termina generando una
derrota colectiva.
Aquí algunos datos para evitar especulaciones sobre el
comportamiento futuro del fujimorismo. Más allá de frases sobre la política del
enfrentamiento que aplicará el fujimorismo, es valioso analizar expresiones
recurrentes que construyen su conducta, en
su pasado aparecen con frecuencia formulaciones como:
- "Nos
quieren destruir."
- "Existe
una persecución política."
- "El
aparato judicial está politizado."
- "El
Ejecutivo busca cerrar el Congreso."
- "No
permitiremos que nos impongan..."
- "Defenderemos
la democracia frente a quienes quieren capturar el Estado."
Estas expresiones no siempre tienen exactamente la misma redacción
en cada discurso, pero responden a un mismo patrón: la construcción de un enemigo político que amenaza al movimiento
y justifica una actitud de confrontación.
Frases que muestran patrones discursivos:
1. Deslegitimación del adversario ("nos persiguen",
"mienten", "quieren destruirnos").
2. Construcción de un enemigo permanente (Poder Judicial, Fiscalía, Ejecutivo,
prensa, organismos electorales, según la coyuntura).
3. Lenguaje de resistencia ("no nos van a doblegar", "seguiremos
luchando").
4. Dicotomías ("orden o caos", "democracia o comunismo",
"nosotros o ellos").
Estos patrones ofrecen una base robusta para argumentar la cercanía
a una política del enfrentamiento.
Quien necesita un enemigo para existir ya ha perdido su libertad
Todo
proyecto político que necesita fabricar un enemigo para conservar su unidad
revela una debilidad interna: ya no cohesiona por la
fuerza de sus ideales,
sino por el miedo compartido. Cuando una comunidad necesita odiar para
permanecer unida, ya ha comenzado a desintegrarse:
- La política del consenso
construye comunidad mediante objetivos comunes.
- La política del enfrentamiento
construye comunidad mediante enemigos comunes.
La calidad
ética de un sistema político puede medirse por el origen de su cohesión: si une a los ciudadanos alrededor de un
bien común, fortalece la democracia; si los une alrededor de un enemigo común,
fortalece la confrontación. Normalmente, la ciencia política clasifica los
regímenes según criterios como democracia, autoritarismo, presidencialismo,
parlamentarismo, izquierda o derecha. Sin
dejar de usar esas clasificaciones paso a proponer otra clasificación, basada
en un criterio ético:
- La política del consenso, cuya
cohesión surge de un proyecto compartido.
- La política del enfrentamiento,
cuya cohesión surge de la construcción de un enemigo.
Ese cambio
de perspectiva desplaza el análisis desde las instituciones hacia la cultura
política. Dos
países pueden tener la misma Constitución y, sin embargo, funcionar de manera
muy distinta según predomine una lógica de consenso o una lógica de
confrontación.
Si la ética
es la infraestructura invisible del Estado, entonces la política del enfrentamiento podría definirse como una patología
de esa infraestructura. Así
como un puente puede verse sólido mientras sus cimientos se deterioran por
dentro, un Estado puede conservar
elecciones, Congreso y tribunales, pero si la confianza pública, el respeto mutuo y la disposición
al diálogo se erosionan, la
estructura democrática comienza a debilitarse desde sus fundamentos.
Toda política necesita un principio de cohesión. La política ética
une alrededor de un bien común; la política del enfrentamiento une alrededor de
un enemigo común. La primera fortalece la comunidad; la segunda fortalece la
confrontación.
Durante su
existencia el fujimorismo creó enemigos para poder gobernar. La aceptación por parte del fujimorismo de
la política del enfrentamiento es una de sus características históricas, que
muestra una lógica recurrente de confrontación con instituciones, adversarios
políticos y organizaciones sociales. El Estado no se derrumba cuando pierde
dinero; se derrumba cuando pierde legitimidad. Y la confrontación permanente
crea inestabilidad y, como consecuencia, fabrica ilegitimidad.
1.
Confrontación con el Congreso (1990-1992)
- Desde
el inicio del gobierno de Alberto Fujimori, el Ejecutivo sostuvo un
conflicto permanente con el Congreso, al que acusaba de obstaculizar las
reformas económicas y la lucha contra el terrorismo.
- El
conflicto culminó con el autogolpe del 5 de abril de 1992, cuando se disolvió
el Congreso mediante intervención militar. (El
Comercio Perú)
Relación con la política del enfrentamiento: el adversario político deja de ser un competidor democrático
para convertirse en un obstáculo cuya eliminación se presenta como necesaria.
2.
Intervención del Poder Judicial
Tras el autogolpe:
- intervención
del Poder Judicial;
- reorganización
del Ministerio Público;
- intervención
del Tribunal de Garantías Constitucionales;
- reorganización
del Consejo de la Magistratura. (Agencia Andina)
Predominio
de la lógica amigo-enemigo sobre la autonomía institucional.
3.
Militarización de la política
El autogolpe fue ejecutado con respaldo de las Fuerzas Armadas.
Hubo:
- despliegue
militar en Lima;
- ocupación
del Congreso;
- control
de instituciones públicas;
- arresto
de dirigentes políticos. (TVPerú)
4.
Intervención de medios de comunicación
Durante el autogolpe fueron intervenidos diversos medios.
Posteriormente, investigaciones judiciales establecieron la existencia de pagos ilegales desde el entorno de Vladimiro Montesinos para influir sobre propietarios de medios y controlar líneas
editoriales. (TVPerú)
5.
Construcción del discurso "nosotros contra ellos"
El discurso oficial contrapuso:
- gobierno
vs. "partidocracia";
- Ejecutivo
vs. Congreso;
- orden
vs. caos;
- patriotas
vs. enemigos del desarrollo.
Este tipo de narrativa justificó la concentración del poder durante la década de 1990. (El Comercio Perú)
6. Nueva Constitución
de 1993
Después del autogolpe se convocó a un Congreso Constituyente
Democrático que elaboró la Constitución de 1993.
Entre sus efectos:
- fortalecimiento
del Poder Ejecutivo;
- Congreso unicameral;
- reelección
presidencial inmediata. (El
Comercio Perú)
7.
Persecución de opositores
Diversos dirigentes políticos fueron detenidos o sometidos a
vigilancia tras el autogolpe.
También fueron objeto de persecución periodistas críticos como
Gustavo Gorriti. (TVPerú) Donde la
ética desaparece, la ley se convierte en una herramienta.
8.
Polarización frente a organismos de derechos humanos
Durante los años noventa:
- frecuentes
acusaciones contra organizaciones de derechos humanos;
- descalificación
de ONG;
- presentación
de críticos como aliados del terrorismo.
Esta estrategia fortalecía la identificación
de enemigos internos.
(El Comercio Perú)
9. Esterilizaciones
forzadas
Entre 1996 y 2001 se ejecutó el Programa Nacional de Salud
Reproductiva.
La Corte Interamericana de Derechos Humanos concluyó que existió responsabilidad
internacional del Estado peruano por casos de esterilización forzada dentro de
ese programa. (El País)
Desde la política del enfrentamiento, algunos autores interpretan
estas políticas como expresión de una visión
estatal que priorizó objetivos de gobierno por encima de derechos fundamentales.
La guerra
comienza cuando la razón deja de escuchar
El triunfo
sin ética es una derrota con aplausos. Ese
es el significado del movimiento de gente el día de la juramentación de Keiko
Fujimori. Los
siguientes hechos corresponden a la etapa de Keiko Fujimori
10. Oposición
confrontacional al gobierno de Ollanta Humala
Durante 2011-2016:
- confrontaciones
constantes;
- investigaciones
parlamentarias;
- fuerte
oposición política.
11. Mayoría
absoluta en el Congreso (2016)
Con 73 congresistas, Fuerza Popular obtuvo mayoría absoluta.
Se produjeron enfrentamientos frecuentes con el Ejecutivo de Pedro
Pablo Kuczynski.
Entre ellos:
- numerosas
interpelaciones;
- censuras
ministeriales;
- bloqueos
legislativos. (CIDOB)
12. Censura
del gabinete Zavala (2017)
Por primera vez desde la Constitución de 1993, un gabinete completo
fue censurado.
Este episodio profundizó el conflicto Ejecutivo-Legislativo.
13. Proceso
de vacancia contra PPK
Fuerza Popular impulsó los procesos que terminaron debilitando
políticamente al presidente Kuczynski hasta su renuncia.
14.
Confrontación con Martín Vizcarra
Durante 2018-2019:
- choques
constantes;
- disputa
por reformas políticas;
- enfrentamiento
sobre la reforma judicial;
- Referéndum del 2018 ganado por el
pueblo: El 79,16 por ciento votó a
favor de prohibir la reelección de los parlamentarios, lo que significó la
renovación total del Parlamento en las elecciones del 2020 y del 2021.
Asimismo, el 83,79 por ciento rechazó la idea de restituir la
bicameralidad. Un 80,46 por ciento aprobó la idea de reformar el órgano
que designa a los jueces. Y el 79,81 por ciento aprobó la regulación del
financiamiento de los partidos políticos.
La confrontación culminó con la disolución constitucional del
Congreso en 2019 por parte de Vizcarra.
15. Cuestionamiento
de las elecciones de 2021
Después de la segunda vuelta presidencial:
- presentación
de cientos de recursos de nulidad;
- denuncias
de supuesto fraude sin que prosperaran judicialmente;
- confrontación
con organismos electorales. (CIDOB)
16. Conflictos
con el JNE y la ONPE
El discurso político cuestionó reiteradamente a parte del sistema
electoral:
- Jurado
Nacional de Elecciones;
- ONPE;
17.
Conflictos con la Fiscalía
Las
investigaciones por presunto lavado de activos dieron lugar a una relación
altamente conflictiva entre Fuerza Popular y el Ministerio Público.
18.
Oposición al gobierno de Pedro Castillo
Durante el mandato de Pedro Castillo, Fuerza Popular mantuvo una oposición
intensa y participó en iniciativas de control político, pedidos de vacancia y acusaciones
constitucionales. (CIDOB)
El poder celebra sus victorias; la historia cuenta sus ruinas
Aquí algunos rasgos discursivos compatibles con la política del
enfrentamiento del fujimorismo. Si se comparan estos hechos con la política del
enfrentamiento, aparecen varios patrones:
- construcción
permanente de enemigos políticos;
- identificación
del adversario como amenaza al país;
- uso
frecuente de narrativas de crisis;
- legitimación
de medidas extraordinarias frente al conflicto;
- alta
polarización política;
- confrontación
reiterada con otras instituciones del Estado;
- fuerte
personalización del conflicto político;
- escasa
disposición a la cooperación con adversarios.
El
conflicto más peligroso no ocurrió contra los partidos de Humala, de PPK, de Vizcarra o de Pedro
Castillo, por un lado, y el
fujimorismo por otro lado; sino entre
la verdad y la conveniencia del fujimorismo. Así continuaron las excepciones para el
fujimorismo aceptadas por su conciencia, dando pie a actitudes que favorecen al
crimen y la corrupción.
Hechos que evidencian esta actitud poco democrática:
1. Autogolpe de 1992.
2. Disolución del Congreso.
3. Intervención del Poder Judicial.
4. Intervención de medios de comunicación.
5. Persecución de opositores.
6. Concentración del poder mediante la
Constitución de 1993.
7. Narrativa "nosotros vs. ellos".
8. Conflicto permanente con organizaciones
de derechos humanos.
9. Conflictos entre Fuerza Popular y el
Ejecutivo (2016-2019).
10. Censura del gabinete Zavala.
11. Procesos de vacancia contra PPK.
12. Enfrentamiento con Martín Vizcarra.
13. Cuestionamiento del proceso electoral de
2021.
14. Conflicto con organismos electorales.
15. Oposición sistemática al gobierno de
Pedro Castillo.
16. Vacancia del presidente Pedro Castillo,
cuya constitucionalidad ha sido objeto de intenso debate político y jurídico.
17. Promulgación de leyes procrimen.
En
conjunto, estos episodios permiten sostener que el fujimorismo ha mostrado una
tendencia recurrente a estructurar su acción
política en torno a la confrontación con adversarios e instituciones.
Ningún vencedor puede gobernar sobre las cenizas de la confianza
La reforma
ética del Estado no depende únicamente de nuevas leyes o de mejores
instituciones. También
exige una determinada cultura política. En este sentido, pueden distinguirse dos formas de ejercer la política: la
política del consenso y
la política del enfrentamiento.
La política del consenso parte del reconocimiento de que la
sociedad es plural y que ninguna persona, grupo o partido posee toda la verdad.
Su objetivo no es eliminar las diferencias, sino administrarlas mediante el
diálogo, la deliberación y la búsqueda de acuerdos que beneficien al conjunto
de la sociedad. El consenso no implica unanimidad ni renuncia a las propias
convicciones; supone la disposición a escuchar, negociar y construir soluciones
compartidas. Desde una perspectiva ética, esta forma de hacer política
fortalece la confianza pública, favorece la estabilidad institucional y
convierte al Estado en un espacio donde prevalece el interés general sobre los
intereses particulares.
En cambio, la política
del enfrentamiento entiende
la competencia política como una confrontación permanente entre adversarios
concebidos muchas veces como enemigos. El conflicto deja de ser un medio para
debatir ideas y se convierte en un fin que moviliza emociones como el miedo, la
indignación o el resentimiento. En este contexto, el diálogo se debilita, la
descalificación sustituye a la argumentación y las instituciones corren el
riesgo de ser utilizadas para derrotar al adversario antes que para servir a la
ciudadanía. Aunque el conflicto es inherente a toda democracia y puede ser un
motor de transformación cuando expresa demandas legítimas, una política basada
exclusivamente en la confrontación termina erosionando la confianza social,
profundizando la polarización y dificultando las reformas de largo plazo.
Desde la perspectiva de la ética
como infraestructura invisible del Estado, el consenso
representa un capital institucional indispensable. Así como la infraestructura física
sostiene el funcionamiento de una ciudad sin ser siempre visible, la confianza,
el respeto por las reglas, la cooperación y la disposición al acuerdo sostienen
el funcionamiento del Estado democrático. Cuando
estos elementos desaparecen, las instituciones pueden conservar su estructura
formal, pero pierden eficacia y legitimidad.
La política
del consenso exige virtudes éticas tanto en los gobernantes como en la
ciudadanía: prudencia para reconocer los
límites de las propias posiciones; honestidad intelectual para
debatir con argumentos y
no con desinformación; respeto por la dignidad
de quienes piensan diferente; responsabilidad para
privilegiar el bien común sobre el beneficio inmediato; y apertura
al aprendizaje mutuo.
Estas virtudes constituyen una infraestructura moral que permite que las
reformas sean sostenibles y no dependan únicamente del cambio de gobiernos.
Por el contrario, cuando predomina una lógica de enfrentamiento permanente, la
ética pública se debilita. La lealtad partidaria puede imponerse sobre el deber
institucional, el interés electoral sobre el interés nacional y la victoria
política sobre la calidad de las políticas públicas. En esas condiciones,
incluso las mejores reformas administrativas encuentran dificultades para
consolidarse, porque carecen del fundamento ético que las haga perdurables.
En consecuencia, una reforma
del Estado inspirada en principios éticos no busca eliminar el conflicto
político —que
es inherente a toda democracia—, sino
transformarlo en un conflicto civilizado, regulado por normas, argumentos y respeto mutuo. La
verdadera fortaleza democrática no reside en la ausencia de diferencias, sino
en la capacidad de convertirlas en acuerdos legítimos que permitan construir
instituciones más justas, confiables y orientadas al bien común.
Esta perspectiva permite comprender que la ética no sustituye a la política; la
orienta. El consenso no
elimina la competencia democrática, sino que establece los límites éticos
dentro de los cuales esa competencia puede desarrollarse sin poner en riesgo la
cohesión social ni la legitimidad del Estado. De este modo, la ética se
convierte en la infraestructura invisible que hace posible una política eficaz,
responsable y verdaderamente democrática. Quien
convierte toda diferencia en una guerra termina viviendo entre ruinas
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