martes, 27 de octubre de 2026

ESTADOS DE EMERGENCIA Y GOLPE MILITAR EN PERÚ

 

 

ESTADOS DE EMERGENCIA Y GOLPE MILITAR EN PERÚ

«Un golpe de Estado militar conservador no conduce al futuro: devuelve al país al pasado, porque sustituye la voluntad ciudadana por la imposición de las armas».

Por: Arturo Muñoz Portugal, CHC e IA

1. ESTADOS DE EMERGENCIA Y RETORNO DE LAS FUERZAS ARMADAS AL ESCENARIO POLÍTICO

Una posible vía para el retorno de las Fuerzas Armadas (FF. AA.) al escenario político nacional es la declaratoria de estados de emergencia en amplias zonas del territorio peruano, bajo el argumento de combatir la inseguridad ciudadana, el crimen organizado, la minería ilegal y las amenazas al orden interno.

Esta estrategia podría extenderse a dos grandes ámbitos:

  • Seguridad ciudadana y orden interno: Lima, Callao, Trujillo, Pataz, Tumbes, Pisco y Putumayo, entre otras zonas afectadas por el sicariato, la extorsión, la delincuencia y la minería ilegal.
  • Defensa estratégica: el VRAEM, el eje energético y fluvial de Camisea y el corredor minero del sur, que comprende zonas de Ayacucho, Cusco, Apurímac y Arequipa.

En estos escenarios, el estado de emergencia permite restringir determinados derechos constitucionales y puede facilitar la intervención de las FF. AA. en apoyo a la Policía Nacional, bajo las condiciones establecidas por la Constitución y la ley.

El riesgo político radica en que la extensión territorial y la prolongación de estas medidas podrían ampliar progresivamente la presencia militar en la gestión de la seguridad y el control territorial del país. Así, sin necesidad de un golpe de Estado, las FF. AA. podrían recuperar influencia en la conducción de asuntos nacionales.

Por otra parte, los estados de emergencia por riesgos de desastres y fenómenos climáticos responden a una finalidad distinta: facilitar la respuesta estatal ante las lluvias, inundaciones y otros eventos que afectan a diversas regiones del país.

Por lo tanto, el estado de emergencia es un mecanismo constitucional excepcional; su utilización extensa o prolongada puede convertirse en una vía de ampliación del poder militar dentro del Estado.

2. ¿GOLPE MILITAR EN EL PERÚ?: ENTRE EL MITO DEL QUIEBRE CLÁSICO Y LA SILENCIOSA EXPANSIÓN DEL PODER CASTRENSE

Frente al fantasma de los quiebres institucionales que recorren distintas regiones del globo, la posibilidad de un golpe de Estado militar clásico en el Perú se perfila como un escenario remoto. Sin embargo, descartar esta vía tradicional no significa bajar la guardia: el verdadero riesgo institucional en el horizonte nacional no pasa por la toma violenta de Palacio de Gobierno, sino por una transformación más sutil y progresiva: la expansión gradual de la influencia militar en la gestión estatal sin que medie una ruptura constitucional.

Así lo advierte un reciente análisis geopolítico e institucional que pone la lupa sobre el llamado «cinturón de golpes» africano —la franja de países del Sahel como Malí, Burkina Faso y Níger sacudida por intervenciones militares desde 2020— para establecer paralelos, diferencias y advertencias aplicables a la realidad peruana.

A. LAS LECCIONES DEL SAHEL Y EL ESPEJO PERUANO

La experiencia internacional reciente demuestra que los golpes de Estado no ocurren en el vacío, sino que suelen alimentarse de tres factores recurrentes: crisis de seguridad y “terrorismo”, tensiones geopolíticas y soberanía frente a potencias, y una profunda fragilidad institucional.

Al trasladar estos elementos al contexto peruano, el análisis identifica tres dimensiones críticas que merecen estricta vigilancia:

  • La seguridad como llave de entrada: Así como en África se utilizó el avance yihadista para justificar la llegada de los militares al poder, en el Perú el clamor ciudadano ante la criminalidad, la extorsión y el sicariato empuja a un uso cada vez mayor de las Fuerzas Armadas en tareas de orden interno. El informe advierte sobre el peligro de rotular erróneamente a la delincuencia común como terrorismo, lo que podría normalizar respuestas excepcionales permanentes en lugar de soluciones estratégicas debidamente controladas.
  • Soberanía, recursos e infraestructura crítica: A diferencia del legado colonial africano, el Perú enfrenta desafíos propios de su historia republicana en la gestión de sus recursos y su posicionamiento internacional. En este tablero, la consolidación de proyectos logísticos transpacíficos —como el puerto de Chancay— plantea un reto mayúsculo de política exterior: cómo resguardar la autonomía nacional en medio de la puja de influencias entre potencias como China y Estados Unidos, evitando que la seguridad de la infraestructura crítica militarice la agenda del Estado.
  • La crisis de representación democrática: Cuando los ciudadanos pierden la fe en el Congreso, los partidos políticos y el sistema de justicia, los contrapesos institucionales flaquean. Es en este terreno fértil donde determinados sectores pueden comenzar a ver a los mandos castrenses como "árbitros" o salvavidas de una crisis sistémica.

B. DOS ESCENARIOS PARA EL FUTURO POLÍTICO

Para evitar lecturas alarmistas pero imprecisas, los especialistas proponen trazar una línea divisoria clara entre dos caminos muy distintos:

1.      El golpe de Estado militar clásico: Las Fuerzas Armadas desplazan por la fuerza a las autoridades constitucionales. Su viabilidad hoy es mínima, entre otras razones por la escasez demostrada de oficiales con capacidad no solo táctica, sino también para conducir los destinos políticos, administrativos y económicos del país.

2.      La expansión gradual de la influencia militar: Las autoridades civiles se mantienen formalmente en la silla presidencial, pero se apoyan de forma recurrente en estados de emergencia, despliegues territoriales y misiones de seguridad interna. Bajo esta vía, el peso castrense en las decisiones del Estado crece de manera silenciosa, convirtiendo la excepción en regla.

3. UNA ADVERTENCIA ESTRATÉGICA

La conclusión central no radica en determinar si los cuarteles están o no preparándose para tomar el poder por la fuerza, sino en vigilar hasta qué punto las debilidades estructurales del Estado están abriendo una puerta trasera a la tutela militar. En palabras llanas: el peligro actual no es ver tanques en las calles derrocando al gobierno, sino comprobar cómo la política civil se va desvaneciendo poco a poco frente al avance de la bota.

 

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