
ESTADOS DE EMERGENCIA Y
GOLPE MILITAR EN PERÚ
«Un golpe de Estado militar conservador no
conduce al futuro: devuelve al país al pasado, porque sustituye la voluntad
ciudadana por la imposición de las armas».
Por: Arturo Muñoz Portugal, CHC e IA
1. ESTADOS DE EMERGENCIA Y
RETORNO DE LAS FUERZAS ARMADAS AL ESCENARIO POLÍTICO
Una posible vía para el retorno de las Fuerzas
Armadas (FF. AA.) al escenario político nacional es la declaratoria de estados
de emergencia en amplias zonas del territorio peruano, bajo el argumento de
combatir la inseguridad ciudadana, el crimen organizado, la minería ilegal y
las amenazas al orden interno.
Esta estrategia podría extenderse a dos grandes
ámbitos:
- Seguridad ciudadana y orden interno: Lima, Callao, Trujillo, Pataz,
Tumbes, Pisco y Putumayo, entre otras zonas afectadas por el sicariato, la
extorsión, la delincuencia y la minería ilegal.
- Defensa estratégica: el VRAEM, el eje energético y
fluvial de Camisea y el corredor minero del sur, que comprende zonas de
Ayacucho, Cusco, Apurímac y Arequipa.
En estos escenarios, el estado de emergencia
permite restringir determinados derechos constitucionales y puede facilitar la
intervención de las FF. AA. en apoyo a la Policía Nacional, bajo las
condiciones establecidas por la Constitución y la ley.
El riesgo político radica en que la extensión
territorial y la prolongación de estas medidas podrían ampliar progresivamente
la presencia militar en la gestión de la seguridad y el control territorial del
país. Así, sin necesidad de un golpe de Estado, las FF. AA. podrían recuperar
influencia en la conducción de asuntos nacionales.

Por otra parte, los estados de emergencia por
riesgos de desastres y fenómenos climáticos responden a una finalidad distinta:
facilitar la respuesta estatal ante las lluvias, inundaciones y otros eventos
que afectan a diversas regiones del país.
Por lo tanto, el estado de emergencia es un
mecanismo constitucional excepcional; su utilización extensa o prolongada
puede convertirse en una vía de ampliación del poder militar dentro del Estado.
2. ¿GOLPE MILITAR EN
EL PERÚ?: ENTRE EL MITO DEL QUIEBRE CLÁSICO Y LA SILENCIOSA EXPANSIÓN DEL PODER
CASTRENSE
Frente al fantasma de los quiebres
institucionales que recorren distintas regiones del globo, la posibilidad de un
golpe de Estado militar clásico en el Perú se perfila como un escenario remoto.
Sin
embargo, descartar esta vía tradicional no significa bajar la guardia: el
verdadero riesgo institucional en el horizonte nacional no pasa por la toma
violenta de Palacio de Gobierno, sino por una transformación más sutil y
progresiva: la expansión gradual de la influencia militar en la gestión
estatal sin que medie una ruptura constitucional.
Así lo advierte un reciente análisis
geopolítico e institucional que pone la lupa sobre el llamado «cinturón de golpes» africano —la franja de
países del Sahel como Malí, Burkina Faso y Níger sacudida por intervenciones
militares desde 2020— para establecer paralelos, diferencias y advertencias
aplicables a la realidad peruana.
A.
LAS LECCIONES DEL SAHEL Y EL ESPEJO PERUANO
La experiencia internacional reciente demuestra
que los golpes de Estado no ocurren en el vacío, sino que suelen alimentarse de
tres factores recurrentes: crisis de seguridad y “terrorismo”, tensiones
geopolíticas y soberanía frente a potencias, y una profunda fragilidad
institucional.
Al trasladar estos elementos al contexto
peruano, el análisis identifica tres dimensiones críticas que merecen estricta
vigilancia:
- La seguridad como llave de entrada: Así como en África se utilizó
el avance yihadista para justificar la llegada de los militares al poder,
en el Perú el clamor ciudadano ante la criminalidad, la extorsión y el
sicariato empuja a un uso cada vez mayor de las Fuerzas Armadas en tareas
de orden interno. El informe advierte sobre el peligro de rotular
erróneamente a la delincuencia común como terrorismo, lo que podría
normalizar respuestas excepcionales permanentes en lugar de soluciones
estratégicas debidamente controladas.
- Soberanía, recursos e infraestructura crítica: A diferencia del legado colonial
africano, el Perú enfrenta desafíos propios de su historia republicana en
la gestión de sus recursos y su posicionamiento internacional. En este
tablero, la consolidación de proyectos logísticos transpacíficos —como el
puerto de Chancay— plantea un reto mayúsculo de política exterior: cómo
resguardar la autonomía nacional en medio de la puja de influencias entre
potencias como China y Estados Unidos, evitando que la seguridad de la
infraestructura crítica militarice la agenda del Estado.
- La crisis de representación democrática: Cuando los ciudadanos pierden la
fe en el Congreso, los partidos políticos y el sistema de justicia, los
contrapesos institucionales flaquean. Es en este terreno fértil donde
determinados sectores pueden comenzar a ver a los mandos castrenses como "árbitros"
o salvavidas de una crisis sistémica.

B.
DOS ESCENARIOS PARA EL FUTURO POLÍTICO
Para evitar lecturas alarmistas pero
imprecisas, los especialistas proponen trazar una línea divisoria clara entre
dos caminos muy distintos:
1. El golpe de Estado
militar clásico: Las Fuerzas Armadas desplazan por la fuerza a las autoridades
constitucionales. Su viabilidad hoy es mínima, entre otras razones por la
escasez demostrada de oficiales con capacidad no solo táctica, sino también
para conducir los destinos políticos, administrativos y económicos del país.

2. La expansión gradual de
la influencia militar: Las autoridades civiles se mantienen formalmente en la
silla presidencial, pero se apoyan de forma recurrente en estados de
emergencia, despliegues territoriales y misiones de seguridad interna. Bajo
esta vía, el peso castrense en las decisiones del Estado crece de manera
silenciosa, convirtiendo la excepción en regla.

3.
UNA ADVERTENCIA ESTRATÉGICA
La conclusión central no radica en determinar
si los cuarteles están o no preparándose para tomar el poder por la fuerza,
sino en vigilar hasta qué punto las debilidades estructurales del Estado están
abriendo una puerta trasera a la tutela militar. En palabras llanas: el
peligro actual no es ver tanques en las calles derrocando al gobierno, sino comprobar cómo la
política civil se va desvaneciendo poco a poco frente al avance de la bota.
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