viernes, 11 de septiembre de 2026

PASADO Y PRESENTE DE LA DEMOCRACIA EN EL PERÚ I POLÍTICOS DE ORIGEN MILITAR Y TRANSFORMACIÓN DEL PODER CASTRENSE EN EL PERÚ (1980–2026)

 

 

PASADO Y PRESENTE DE LA DEMOCRACIA EN EL PERÚ I

POLÍTICOS DE ORIGEN MILITAR Y TRANSFORMACIÓN DEL PODER CASTRENSE EN EL PERÚ (1980–2026)

Por: Arturo Muñoz Portugal, CHC e IA

DEL GOBIERNO MILITAR AL MILITARISMO POLÍTICO

Analizar el fenómeno de los «políticos de origen militar» en el Perú contemporáneo exige ir más allá del simple conteo de oficiales retirados que han ocupado cargos públicos. El período 1980–2026 muestra una transformación profunda de la relación entre las Fuerzas Armadas y el poder político: el protagonismo castrense dejó de expresarse principalmente mediante gobiernos militares directos y pasó a adoptar formas institucionales, corporativas, electorales y de influencia indirecta.

Para efectos de este artículo, el universo principal está constituido por oficiales de carrera retirados o en situación de retiro del Ejército, la Marina de Guerra y la Fuerza Aérea del Perú que posteriormente ingresaron a la actividad política. No obstante, el análisis debe considerar también las redes institucionales y actores de inteligencia y seguridad que permiten comprender la influencia militar más allá de quienes ocuparon directamente un cargo electivo.

No existe un registro oficial del Congreso que identifique de manera sistemática a los parlamentarios según su origen militar. Por ello, la reconstrucción debe realizarse a partir de las trayectorias biográficas de los congresistas y excongresistas. En el actual Parlamento bicameral pueden identificarse figuras como los senadores César Astudillo y Francisco Calisto, mientras que entre los excongresistas recientes destacan José Williams, José Cueto y Jorge Montoya.

El objetivo, por tanto, consiste en determinar cuántos militares llegaron al Congreso o a la Presidencia y en establecer qué tipo de capital militar conservaron, cómo lo transformaron en capital político y mediante qué instituciones y redes ejercieron influencia.

1. CINCO NIVELES PARA ESTUDIAR LA PRESENCIA MILITAR EN LA POLÍTICA

La presencia militar en la política peruana contemporánea puede analizarse en cinco niveles complementarios.

1.1. LA PRESIDENCIA

Desde la transición democrática de 1980 predominaron los gobiernos civiles. Sin embargo, esto no significó la desaparición de la influencia castrense.

Presidente

1980–2026

Origen

Clasificación

Fernando Belaúnde

1980–85

Civil

Civil

Alan García

1985–90

Civil

Civil

Alberto Fujimori

1990–2000

Civil

Civil con fuerte componente cívico-militar

Valentín Paniagua

2000–01

Civil

Civil

Alejandro Toledo

2001–06

Civil

Civil

Alan García

2006–11

Civil

Civil

Ollanta Humala

2011–16

Ejército

Militar de carrera convertido en político

Pedro Pablo Kuczynski

2016–18

Civil

Civil

Martín Vizcarra

2018–20

Civil

Civil

Manuel Merino

2020

Civil

Civil

Francisco Sagasti

2020–21

Civil

Civil

Dos casos resultan particularmente relevantes. El primero es el régimen de Alberto Fujimori, formalmente encabezado por un presidente civil, pero sostenido durante buena parte de la década de 1990 por una compleja estructura que articuló la Presidencia, los servicios de inteligencia y las cúpulas de las Fuerzas Armadas. El segundo es Ollanta Humala, oficial del Ejército que convirtió su trayectoria militar y su participación en el levantamiento de Locumba de 2000 en un activo político y electoral que finalmente lo condujo a la Presidencia entre 2011 y 2016.

1.2. EL CONGRESO

El Parlamento constituye otro espacio fundamental para observar la transformación del poder militar.

Aunque los exmilitares representan un grupo numéricamente reducido dentro del conjunto de parlamentarios, su influencia puede ser considerable debido a su presencia en comisiones estratégicas, particularmente las vinculadas con Defensa, Interior e Inteligencia.

El análisis parlamentario debe considerar no solo el número de exoficiales, sino también los cargos ocupados, las comisiones integradas, las iniciativas legislativas relacionadas con seguridad y defensa, las alianzas políticas y las redes institucionales construidas durante la carrera militar.

1.3. LOS MANDOS NO PRESIDENCIALES

La influencia militar tampoco se limita a presidentes o congresistas. Oficiales retirados pueden convertirse en dirigentes partidarios, ministros de Estado, asesores, operadores de seguridad o figuras clave dentro de determinadas organizaciones políticas.

Esta dimensión permite estudiar al militar retirado como intermediario entre el aparato estatal, las Fuerzas Armadas y la política partidaria.

1.4. LA RED INSTITUCIONAL

Un cuarto nivel corresponde a la circulación de oficiales entre diferentes espacios de poder: cuarteles, organismos de inteligencia, ministerios, Congreso, empresas privadas de seguridad y organizaciones de veteranos, entre ellas la Asociación de Oficiales Generales y Almirantes (ADOGEN).

Esta perspectiva permite comprender que la influencia militar no desaparece necesariamente cuando un oficial abandona el servicio activo. Las redes profesionales, jerárquicas y corporativas pueden sobrevivir al retiro y convertirse en recursos políticos.

1.5. LA DIMENSIÓN HISTÓRICA

Finalmente, es necesario estudiar la evolución del fenómeno a través del tiempo. La relación entre militares y política no fue igual durante la transición democrática de 1980 hacia adelante, el conflicto armado interno, el régimen de Fujimori, la transición de 2000, la Presidencia de Humala ni la crisis política posterior a 2016.

De este modo, la pregunta central no es simplemente cuántos militares ingresaron a la política, sino cómo cambió la forma de influencia militar después del fin de los gobiernos militares directos.

2. DE LA DICTADURA MILITAR A LA INFLUENCIA POLÍTICA INDIRECTA

El Perú democrático posterior a 1980 no erradicó el poder castrense: lo transformó.

Durante el gobierno de Juan Velasco Alvarado y posteriormente durante el régimen de Francisco Morales Bermúdez, las Fuerzas Armadas ejercieron directamente el poder político. La transición de 1980 modificó radicalmente este esquema. Los militares abandonaron el gobierno y regresaron formalmente a sus funciones institucionales, pero conservaron importantes recursos organizativos, profesionales y políticos.

Puede hablarse, por ello, de una transformación desde una militarización directa del Estado hacia modalidades de militarización de la seguridad, instrumentalización política, conversión electoral e influencia institucional.

Esta transformación puede sintetizarse en cuatro mecanismos:

1.      Conversión directa: los militares gobiernan mediante golpes de Estado y regímenes de facto.

2.      Captura o instrumentalización desde el poder civil: un gobierno formalmente civil utiliza las estructuras de inteligencia y las cúpulas militares para consolidar su poder.

3.      Conversión electoral: un oficial transforma su experiencia militar, una ruptura con la jerarquía o una narrativa de insubordinación en capital político y posteriormente electoral.

4.      Influencia institucional: oficiales retirados ingresan al Congreso, ministerios, partidos y otras instituciones, trasladando a la esfera política sus redes y conocimientos adquiridos durante la carrera militar.

3. PRIMERA ETAPA: 1980–1990. DEMOCRACIA, AUTONOMÍA MILITAR Y CONFLICTO ARMADO INTERNO

El retorno a la democracia con Fernando Belaúnde Terry y posteriormente el primer gobierno de Alan García no implicó la desaparición de la influencia de las Fuerzas Armadas.

La expansión de la violencia de Sendero Luminoso y del MRTA convirtió progresivamente la seguridad interna en una de las principales áreas de intervención militar. El Estado civil delegó una parte importante de la estrategia contrasubversiva en las Fuerzas Armadas, particularmente en las zonas declaradas bajo emergencia.

Los comandos político-militares, con Ayacucho como uno de los principales epicentros, se convirtieron en espacios donde la frontera entre las funciones militares, administrativas y políticas podía resultar difusa.

Así, durante esta etapa se produjo una paradoja: las Fuerzas Armadas dejaron de gobernar formalmente, pero adquirieron una elevada autonomía operacional como consecuencia del conflicto armado interno.

4. SEGUNDA ETAPA: 1990–2000. FUJIMORI, MONTESINOS Y LA MILITARIZACIÓN INSTRUMENTAL

La llegada de Alberto Fujimori a la Presidencia produjo un cambio decisivo.

El régimen fujimorista no correspondió al modelo clásico de una dictadura militar. Se trató de un gobierno formalmente civil que construyó una estructura de poder cívico-militar e interinstitucional articulada alrededor de la Presidencia, el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional.

El punto central de esta estructura fue Vladimiro Montesinos, exoficial del Ejército y asesor de inteligencia. Su trayectoria constituye un caso paradigmático de un actor de origen militar que ejerció un poder político considerable sin ocupar formalmente la Presidencia ni un ministerio.

La estructura Fujimori–Montesinos–SIN permitió intervenir sobre las cúpulas militares, la Policía, el Congreso, el sistema de justicia y los medios de comunicación mediante una combinación de información, recursos, lealtades y coerción.

En el Ejército, la prolongada permanencia de Nicolás Hermoza Ríos como comandante general constituye uno de los ejemplos más importantes de la subordinación de la institución militar a la arquitectura política del régimen.

El autogolpe de 1992 consolidó esta estructura de poder y marcó una diferencia fundamental respecto de los golpes militares tradicionales: la concentración del poder no se produjo mediante la sustitución de un gobierno civil por una junta militar, sino mediante la utilización de las instituciones armadas y de inteligencia para fortalecer un régimen encabezado por un presidente civil.

5. UNA SEGUNDA GENERACIÓN DE MILITARIZACIÓN POLÍTICA

El período 1990–2000 permite identificar una segunda generación de militarización política.

La primera generación correspondió a los gobiernos militares directos de 1968–1980. La segunda estuvo constituida por militares integrados en redes de poder civil-autoritario y de inteligencia durante el fujimorismo.

En este modelo, la influencia castrense ya no dependía de que un general ocupara la Presidencia. Podía ejercerse desde posiciones estratégicas dentro de las Fuerzas Armadas, los organismos de inteligencia y las redes de seguridad.

Montesinos representa el ejemplo más extremo: un oficial retirado cuya influencia política derivó de su capacidad para controlar información, construir redes y establecer vínculos con las estructuras de poder del Estado.

6. TERCERA ETAPA: 2000–2011. TRANSICIÓN, DESPOLITIZACIÓN Y RETORNO ELECTORAL

La caída del régimen fujimorista abrió una nueva etapa.

Los gobiernos de Valentín Paniagua y Alejandro Toledo intentaron desmontar las redes construidas durante el fujimorismo y recuperar el control civil sobre las instituciones de defensa. Entre las medidas de esta etapa se encontró la designación de ministros civiles en Defensa y la revisión de determinadas decisiones adoptadas durante el período autoritario.

Sin embargo, la transición no significó la desaparición del militar como actor político.

El levantamiento de Locumba, protagonizado por Ollanta Humala en octubre de 2000 junto con su hermano Antauro, constituye un punto de inflexión. La experiencia de insubordinación fue posteriormente incorporada a una narrativa política nacionalista y se convirtió en parte del capital simbólico de la candidatura de Humala.

Aquí aparece una modalidad diferente de relación entre carrera militar y política: el oficial no utiliza las Fuerzas Armadas para tomar el poder, sino que abandona la vía militar y convierte su trayectoria castrense en un recurso electoral.

7. OLLANTA HUMALA Y EL MILITARISMO ELECTORAL

El caso de Ollanta Humala requiere una categoría propia.

Humala no puede ser considerado simplemente como un militar retirado que posteriormente ingresó a la política. Su trayectoria combina varias etapas: oficial del Ejército en actividad, protagonista del levantamiento de Locumba, pase al retiro, construcción de un movimiento nacionalista, candidatura presidencial y, finalmente, elección como presidente de la República para el período 2011–2016.

Su trayectoria permite distinguirlo de los gobernantes golpistas tradicionales.

En lugar de convertir el poder militar directamente en poder estatal, Humala transformó determinados elementos de su experiencia castrense —rango, identidad, redes, discurso nacionalista y experiencia de ruptura con la jerarquía— en capital político y electoral.

Esta modalidad puede denominarse militarismo electoral: la conversión de una identidad y trayectoria militar en una plataforma partidaria capaz de competir dentro de las reglas electorales democráticas.

8. CUARTA ETAPA: 2011–2026. DEL GOBIERNO DE HUMALA A LA CENTRALIDAD PARLAMENTARIA

La elección de Humala en 2011 representa el punto máximo de integración electoral directa de un exmilitar en el período democrático posterior a 1980.

Sin embargo, los años posteriores no estuvieron dominados por presidentes de origen militar. Por el contrario, se caracterizaron por la primacía de gobiernos civiles y por una creciente crisis de representación, fragmentación partidaria e inestabilidad institucional.

En este contexto, el papel de los militares retirados se desplazó progresivamente hacia otros espacios: el Congreso, los partidos políticos, las comisiones parlamentarias relacionadas con seguridad y defensa, los ministerios y las redes institucionales vinculadas con las Fuerzas Armadas.

La presencia de figuras como José Williams, José Cueto y Jorge Montoya permite observar esta transformación: el militar retirado puede convertirse en un actor parlamentario relevante sin necesidad de controlar el Ejecutivo.

El actual Parlamento bicameral abre, además, una nueva etapa para el estudio del fenómeno, con figuras como los senadores César Astudillo y Francisco Calisto que permiten examinar la continuidad de esta presencia en la política nacional.

9. FUJIMORI Y HUMALA: DOS MODELOS CONTRAPUESTOS

La comparación entre Fujimori y Humala permite sintetizar dos formas radicalmente diferentes de relación entre lo militar y lo político.

Fujimori representó la incorporación del poder militar al proyecto político desde el Estado. Su régimen utilizó los servicios de inteligencia y las cúpulas militares para consolidar un poder presidencial autoritario.

Humala, en cambio, convirtió una experiencia militar y una ruptura con la jerarquía institucional en un recurso externo a las Fuerzas Armadas. Su capital militar fue trasladado hacia un movimiento político, una candidatura y finalmente una Presidencia obtenida mediante elecciones.

La diferencia es fundamental: en el primer caso, el poder civil instrumentaliza las estructuras militares; en el segundo, un actor de origen militar transforma su experiencia castrense en capital electoral.

10. LA CIRCULACIÓN DE LAS ÉLITES MILITARES

El fenómeno debe estudiarse también como un proceso de circulación de élites.

Un oficial puede pasar por diferentes espacios a lo largo de su trayectoria:

Fuerzas Armadas → retiro → partido político → Congreso → comisión parlamentaria → ministerio → redes de seguridad y defensa.

Esta circulación permite explicar por qué la influencia militar no desaparece necesariamente cuando un individuo abandona el servicio activo.

El capital acumulado durante la carrera militar puede incluir conocimientos especializados, prestigio institucional, redes profesionales, vínculos con otros oficiales, experiencia en seguridad y una identidad corporativa. En determinadas circunstancias, estos recursos pueden convertirse en capital político.

La hipótesis central es, por tanto, que la influencia militar contemporánea no debe medirse por la cantidad de uniformes presentes en las instituciones, sino por la capacidad de los actores de origen militar para movilizar redes, recursos y conocimientos dentro de la arena política.

11. UNA MATRIZ HISTÓRICA DE LA PRESENCIA MILITAR

La evolución entre 1980 y 2026 puede sintetizarse en cuatro grandes períodos:

Período

Característica dominante

Forma principal de influencia

1980–1990

Democracia y conflicto armado interno

Autonomía militar y control de zonas de emergencia

1990–2000

Fujimori–Montesinos–SIN

Instrumentalización de las Fuerzas Armadas y la inteligencia

2000–2011

Transición y Humala

Despolitización institucional y conversión electoral

2011–2026

Gobiernos civiles y crisis política

Influencia parlamentaria, institucional y electoral

Esta periodización permite observar una transición desde el control directo del Estado hacia formas cada vez más indirectas de intervención política.

12. HACIA UN ÍNDICE DE MILITARIZACIÓN POLÍTICA DEL PERÚ

Para medir la presencia e influencia militar entre 1980 y 2026 resulta insuficiente contabilizar cuántos exmilitares ocuparon cargos públicos.

Se propone, por ello, construir un Índice de Militarización Política (IMP-Perú) que considere al menos seis dimensiones:

  • Presencia institucional: cargos ocupados por oficiales en actividad o retiro.
  • Influencia política: posiciones de liderazgo, capacidad de negociación y participación en partidos.
  • Redes de poder: vínculos entre Fuerzas Armadas, inteligencia, Congreso, ministerios y organizaciones de veteranos.
  • Conversión de capital: capacidad de transformar rango, experiencia, prestigio o redes militares en capital político.
  • Dimensión electoral: candidaturas, votación obtenida y capacidad de movilización territorial.
  • Dimensión territorial: concentración de apoyo o influencia en determinadas regiones, especialmente aquellas donde las narrativas sobre seguridad, conflicto interno y presencia militar tienen mayor peso.

El índice permitiría distinguir entre presencia militar, influencia militar y militarización política, tres conceptos que no deben considerarse equivalentes.

CONCLUSIÓN

Entre 1980 y 2026, la relación entre las Fuerzas Armadas y la política peruana experimentó una transformación sustancial. El final de los gobiernos militares no supuso la desaparición del poder castrense, sino su reorganización bajo nuevas modalidades.

Primero predominó la autonomía militar asociada al conflicto armado interno. Después, durante el fujimorismo, las Fuerzas Armadas y los servicios de inteligencia fueron incorporados a una estructura de poder cívico-militar. Tras la caída de Fujimori, se intentó fortalecer el control civil y despolitizar las instituciones castrenses. Paralelamente, la trayectoria de Ollanta Humala mostró que el capital militar podía convertirse en capital electoral. Finalmente, durante la etapa posterior a 2011, la presencia de militares retirados se desplazó hacia el Congreso, los partidos y las redes institucionales de seguridad y defensa.

El fenómeno de los «políticos de origen militar» debe entenderse, por tanto, como parte de una transformación histórica del poder castrense, no como una simple suma de individuos con pasado militar.

La pregunta fundamental para futuras investigaciones será determinar qué redes, recursos e instituciones permiten que el capital militar sobreviva al retiro y se transforme en poder político dentro de la democracia peruana.

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