PASADO Y PRESENTE DE LA
DEMOCRACIA EN EL PERÚ I
POLÍTICOS DE ORIGEN
MILITAR Y TRANSFORMACIÓN DEL PODER CASTRENSE EN EL PERÚ (1980–2026)
Por: Arturo Muñoz
Portugal, CHC e IA
DEL GOBIERNO MILITAR AL
MILITARISMO POLÍTICO
Analizar el fenómeno de
los «políticos
de origen militar» en el Perú contemporáneo exige ir más allá del simple
conteo de oficiales retirados que han ocupado cargos públicos. El
período 1980–2026 muestra una transformación profunda
de la relación entre las Fuerzas Armadas y el poder político: el protagonismo
castrense dejó de expresarse principalmente mediante gobiernos militares
directos y pasó a adoptar formas institucionales, corporativas, electorales y
de influencia indirecta.
Para efectos de este artículo,
el
universo principal está constituido por oficiales de carrera retirados o en
situación de retiro del Ejército, la Marina de Guerra y la Fuerza Aérea del
Perú que posteriormente ingresaron a la actividad política. No
obstante, el análisis debe considerar también las redes
institucionales y actores de inteligencia y seguridad que permiten comprender
la influencia militar más allá de quienes ocuparon directamente un cargo
electivo.
No existe un registro
oficial del Congreso que identifique de manera sistemática a los parlamentarios
según su origen militar. Por ello, la reconstrucción debe realizarse a partir
de las trayectorias biográficas de los congresistas y excongresistas. En el actual Parlamento
bicameral pueden identificarse figuras como los senadores César Astudillo y Francisco
Calisto, mientras que entre los excongresistas
recientes destacan José Williams, José Cueto y Jorge Montoya.
El objetivo, por tanto, consiste en determinar
cuántos militares llegaron al Congreso o a la Presidencia y
en
establecer qué tipo de capital militar conservaron,
cómo
lo transformaron en capital político y mediante qué instituciones y redes
ejercieron influencia.
1.
CINCO NIVELES PARA ESTUDIAR LA PRESENCIA MILITAR EN LA POLÍTICA
La presencia militar en
la política peruana contemporánea puede analizarse en cinco niveles
complementarios.
1.1.
LA PRESIDENCIA
Desde la transición democrática de 1980
predominaron los gobiernos civiles. Sin embargo, esto no significó la
desaparición de la influencia castrense.
|
Presidente |
1980–2026 |
Origen |
Clasificación |
|
Fernando
Belaúnde |
1980–85 |
Civil |
Civil |
|
Alan
García |
1985–90 |
Civil |
Civil |
|
Alberto
Fujimori |
1990–2000 |
Civil |
Civil
con fuerte componente cívico-militar |
|
Valentín
Paniagua |
2000–01 |
Civil |
Civil |
|
Alejandro
Toledo |
2001–06 |
Civil |
Civil |
|
Alan
García |
2006–11 |
Civil |
Civil |
|
Ollanta
Humala |
2011–16 |
Ejército |
Militar
de carrera convertido en político |
|
Pedro
Pablo Kuczynski |
2016–18 |
Civil |
Civil |
|
Martín
Vizcarra |
2018–20 |
Civil |
Civil |
|
Manuel
Merino |
2020 |
Civil |
Civil |
|
Francisco
Sagasti |
2020–21 |
Civil |
Civil |
Dos casos resultan
particularmente relevantes. El primero es
el régimen
de Alberto Fujimori, formalmente encabezado por un
presidente civil, pero sostenido durante buena parte de la década de 1990 por
una compleja estructura que articuló la Presidencia, los servicios de
inteligencia y las cúpulas de las Fuerzas Armadas. El segundo es
Ollanta
Humala, oficial del Ejército que convirtió su trayectoria militar y su
participación en el levantamiento de Locumba de 2000 en un activo político y
electoral que finalmente lo condujo a la Presidencia entre 2011 y 2016.
1.2.
EL CONGRESO
El Parlamento constituye
otro espacio fundamental para observar la transformación del poder militar.
Aunque los exmilitares
representan un grupo numéricamente reducido dentro del conjunto de
parlamentarios, su influencia puede ser considerable debido a su presencia en
comisiones estratégicas, particularmente las vinculadas con Defensa,
Interior e Inteligencia.
El análisis
parlamentario debe considerar no solo el número de exoficiales, sino también
los cargos ocupados, las comisiones integradas, las iniciativas legislativas
relacionadas con seguridad y defensa, las alianzas políticas y las redes
institucionales construidas durante la carrera militar.
1.3.
LOS MANDOS NO PRESIDENCIALES
La influencia militar tampoco se limita a
presidentes o congresistas. Oficiales retirados pueden convertirse en
dirigentes partidarios, ministros de Estado, asesores, operadores de seguridad
o figuras clave dentro de determinadas organizaciones políticas.
Esta dimensión permite estudiar al militar
retirado como intermediario entre el aparato estatal, las Fuerzas Armadas y la
política partidaria.
1.4.
LA RED INSTITUCIONAL
Un cuarto nivel corresponde
a la circulación
de oficiales entre diferentes espacios de poder:
cuarteles,
organismos de inteligencia, ministerios, Congreso, empresas privadas de
seguridad y organizaciones de veteranos, entre ellas la Asociación de Oficiales
Generales y Almirantes (ADOGEN).
Esta perspectiva permite
comprender que la influencia militar no desaparece necesariamente cuando un
oficial abandona el servicio activo. Las redes profesionales, jerárquicas y
corporativas pueden sobrevivir al retiro y convertirse en recursos políticos.
1.5.
LA DIMENSIÓN HISTÓRICA
Finalmente, es necesario estudiar
la evolución del fenómeno a través del tiempo. La relación entre militares y
política no fue igual durante la transición democrática de 1980 hacia adelante,
el conflicto armado interno, el régimen de Fujimori, la transición de 2000, la
Presidencia de Humala ni la crisis política posterior a 2016.
De este modo, la pregunta central no es
simplemente cuántos militares ingresaron a la política, sino cómo cambió la forma de
influencia militar después del fin de los gobiernos militares directos.
2.
DE LA DICTADURA MILITAR A LA INFLUENCIA POLÍTICA INDIRECTA
El Perú democrático posterior a 1980 no
erradicó el poder castrense: lo transformó.
Durante el gobierno de Juan Velasco Alvarado y
posteriormente durante el régimen de Francisco Morales Bermúdez, las Fuerzas
Armadas ejercieron directamente el poder político. La transición de 1980
modificó radicalmente este esquema. Los militares abandonaron el gobierno y
regresaron formalmente a sus funciones institucionales, pero conservaron
importantes recursos organizativos, profesionales y políticos.
Puede hablarse, por
ello, de una transformación desde una militarización directa del Estado hacia
modalidades de militarización de la seguridad, instrumentalización política,
conversión electoral e influencia institucional.
Esta transformación
puede sintetizarse en cuatro mecanismos:
1. Conversión directa: los militares gobiernan
mediante golpes de Estado y regímenes de facto.
2. Captura o
instrumentalización desde el poder civil: un gobierno formalmente civil utiliza
las estructuras de inteligencia y las cúpulas militares para consolidar su
poder.
3. Conversión electoral: un oficial transforma
su experiencia militar, una ruptura con la jerarquía o una narrativa de
insubordinación en capital político y posteriormente electoral.
4. Influencia
institucional: oficiales retirados ingresan al Congreso, ministerios, partidos
y otras instituciones, trasladando a la esfera política sus redes y
conocimientos adquiridos durante la carrera militar.
3.
PRIMERA ETAPA: 1980–1990. DEMOCRACIA, AUTONOMÍA MILITAR Y CONFLICTO ARMADO
INTERNO
El retorno a la democracia con Fernando
Belaúnde Terry y posteriormente el primer gobierno de Alan García no implicó la
desaparición de la influencia de las Fuerzas Armadas.
La expansión de la violencia de Sendero
Luminoso y del MRTA convirtió progresivamente la seguridad interna en una de
las principales áreas de intervención militar. El Estado civil delegó
una parte importante de la estrategia contrasubversiva en las Fuerzas Armadas,
particularmente en las zonas declaradas bajo emergencia.
Los comandos político-militares, con Ayacucho
como uno de los principales epicentros, se convirtieron en espacios donde la
frontera entre las funciones militares, administrativas y políticas podía
resultar difusa.
Así, durante esta etapa
se produjo una paradoja: las Fuerzas Armadas
dejaron de gobernar formalmente, pero adquirieron una elevada autonomía
operacional como consecuencia del conflicto armado interno.
4.
SEGUNDA ETAPA: 1990–2000. FUJIMORI, MONTESINOS Y LA MILITARIZACIÓN INSTRUMENTAL
La llegada de Alberto Fujimori a la Presidencia
produjo un cambio decisivo.
El régimen fujimorista no correspondió al
modelo clásico de una dictadura militar. Se trató de un gobierno formalmente
civil que construyó una estructura de poder cívico-militar e
interinstitucional articulada alrededor de la Presidencia, el Servicio de
Inteligencia Nacional (SIN), las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional.
El punto central de esta estructura fue Vladimiro
Montesinos, exoficial del Ejército y asesor de inteligencia.
Su trayectoria constituye un caso paradigmático de un actor de origen
militar que ejerció un poder político considerable sin ocupar formalmente la
Presidencia ni un ministerio.
La estructura Fujimori–Montesinos–SIN permitió
intervenir sobre las cúpulas militares, la Policía, el Congreso, el sistema de
justicia y los medios de comunicación mediante una combinación de información,
recursos, lealtades y coerción.
En el Ejército, la
prolongada
permanencia de Nicolás Hermoza Ríos como comandante general constituye
uno
de los ejemplos más importantes de la subordinación de la institución militar a
la arquitectura política del régimen.
El autogolpe de 1992 consolidó esta estructura
de poder y marcó una diferencia fundamental
respecto de los golpes militares tradicionales: la concentración del poder no
se produjo mediante la sustitución de un gobierno civil por una junta militar,
sino mediante la utilización de las instituciones armadas y de inteligencia para
fortalecer un régimen encabezado por un presidente civil.
5.
UNA SEGUNDA GENERACIÓN DE MILITARIZACIÓN POLÍTICA
El período 1990–2000 permite
identificar una segunda generación de militarización política.
La primera generación correspondió a los
gobiernos militares directos de 1968–1980. La segunda estuvo constituida por
militares integrados en redes de poder civil-autoritario y de inteligencia
durante el fujimorismo.
En este modelo, la influencia castrense
ya no dependía de que un general ocupara la Presidencia. Podía ejercerse desde
posiciones estratégicas dentro de las Fuerzas Armadas, los organismos de
inteligencia y las redes de seguridad.
Montesinos representa el ejemplo más extremo:
un oficial retirado cuya influencia política derivó de su capacidad para
controlar información, construir redes y establecer vínculos con las
estructuras de poder del Estado.
6.
TERCERA ETAPA: 2000–2011. TRANSICIÓN, DESPOLITIZACIÓN Y RETORNO ELECTORAL
La caída del régimen fujimorista abrió una
nueva etapa.
Los gobiernos de Valentín Paniagua y Alejandro
Toledo intentaron desmontar las redes construidas durante el fujimorismo y
recuperar el control civil sobre las instituciones de defensa. Entre las medidas de
esta etapa se encontró la designación de ministros civiles en Defensa y la
revisión de determinadas decisiones adoptadas durante el período autoritario.
Sin embargo, la transición no
significó la desaparición del militar como actor político.
El levantamiento de Locumba, protagonizado por
Ollanta Humala en octubre de 2000 junto con su hermano Antauro, constituye un
punto de inflexión. La experiencia de insubordinación fue posteriormente
incorporada a una narrativa política nacionalista y se convirtió en parte del
capital simbólico de la candidatura de Humala.
Aquí aparece una modalidad diferente de
relación entre carrera militar y política: el oficial no utiliza
las Fuerzas Armadas para tomar el poder, sino que abandona la vía militar y
convierte su trayectoria castrense en un recurso electoral.
7.
OLLANTA HUMALA Y EL MILITARISMO ELECTORAL
El caso de Ollanta Humala requiere una
categoría propia.
Humala no puede ser considerado simplemente
como un militar retirado que posteriormente ingresó a la política. Su
trayectoria combina varias etapas: oficial del Ejército en actividad,
protagonista del levantamiento de Locumba, pase al retiro, construcción de un
movimiento nacionalista, candidatura presidencial y, finalmente, elección como
presidente de la República para el período 2011–2016.
Su trayectoria permite
distinguirlo de los gobernantes golpistas tradicionales.
En lugar de convertir el poder militar
directamente en poder estatal, Humala transformó determinados elementos de su
experiencia castrense —rango, identidad, redes, discurso nacionalista y
experiencia de ruptura con la jerarquía— en capital político y electoral.
Esta modalidad puede
denominarse militarismo electoral: la conversión de una
identidad y trayectoria militar en una plataforma partidaria capaz de competir
dentro de las reglas electorales democráticas.
8. CUARTA ETAPA: 2011–2026. DEL GOBIERNO DE HUMALA A LA CENTRALIDAD
PARLAMENTARIA
La elección de Humala en 2011 representa el
punto máximo de integración electoral directa de un exmilitar en el período
democrático posterior a 1980.
Sin embargo, los años posteriores no
estuvieron dominados por presidentes de origen militar. Por
el contrario, se caracterizaron por la primacía de gobiernos civiles y por una
creciente crisis de representación, fragmentación partidaria e
inestabilidad institucional.
En este contexto, el papel de los
militares retirados se desplazó progresivamente hacia otros espacios: el
Congreso, los partidos políticos, las comisiones parlamentarias relacionadas
con seguridad y defensa, los ministerios y las redes institucionales vinculadas
con las Fuerzas Armadas.
La presencia de figuras como José Williams,
José Cueto y Jorge Montoya permite observar esta transformación: el militar retirado
puede convertirse en un actor parlamentario relevante sin necesidad de
controlar el Ejecutivo.
El actual Parlamento bicameral abre, además,
una nueva etapa para el estudio del fenómeno, con figuras como los senadores César
Astudillo y Francisco Calisto que permiten examinar la continuidad de esta
presencia en la política nacional.
9.
FUJIMORI Y HUMALA: DOS MODELOS CONTRAPUESTOS
La comparación entre Fujimori y Humala permite
sintetizar dos formas radicalmente diferentes de relación entre lo militar y lo
político.
Fujimori representó la incorporación del poder
militar al proyecto político desde el Estado. Su régimen utilizó los
servicios de inteligencia y las cúpulas militares para consolidar un poder
presidencial autoritario.
Humala, en cambio, convirtió una experiencia
militar y una ruptura con la jerarquía institucional en un recurso externo a
las Fuerzas Armadas. Su capital militar fue trasladado hacia un movimiento
político, una candidatura y finalmente una Presidencia obtenida mediante
elecciones.
La diferencia es
fundamental: en el primer caso, el poder civil instrumentaliza las
estructuras militares; en el segundo, un actor
de origen militar transforma su experiencia castrense en capital electoral.
10.
LA CIRCULACIÓN DE LAS ÉLITES MILITARES
El fenómeno debe estudiarse también como un
proceso de circulación de élites.
Un oficial puede pasar por diferentes espacios
a lo largo de su trayectoria:
Fuerzas Armadas → retiro → partido político →
Congreso → comisión parlamentaria → ministerio → redes de seguridad y defensa.
Esta circulación permite explicar por qué la
influencia militar no desaparece necesariamente cuando un individuo abandona el
servicio activo.
El capital acumulado durante la carrera militar
puede incluir conocimientos especializados, prestigio institucional, redes
profesionales, vínculos con otros oficiales, experiencia en seguridad y una
identidad corporativa. En determinadas circunstancias, estos recursos pueden
convertirse en capital político.
La hipótesis central es, por tanto, que la
influencia militar contemporánea no debe medirse por la cantidad de uniformes
presentes en las instituciones, sino por la capacidad de los actores de origen
militar para movilizar redes, recursos y conocimientos dentro de la arena
política.
11.
UNA MATRIZ HISTÓRICA DE LA PRESENCIA MILITAR
La evolución entre 1980 y 2026 puede
sintetizarse en cuatro grandes períodos:
|
Período |
Característica
dominante |
Forma
principal de influencia |
|
1980–1990 |
Democracia y conflicto
armado interno |
Autonomía militar y
control de zonas de emergencia |
|
1990–2000 |
Fujimori–Montesinos–SIN |
Instrumentalización de
las Fuerzas Armadas y la inteligencia |
|
2000–2011 |
Transición y Humala |
Despolitización
institucional y conversión electoral |
|
2011–2026 |
Gobiernos civiles y
crisis política |
Influencia
parlamentaria, institucional y electoral |
Esta periodización permite observar una
transición desde el control directo del Estado hacia formas cada vez más
indirectas de intervención política.
12.
HACIA UN ÍNDICE DE MILITARIZACIÓN POLÍTICA DEL PERÚ
Para medir la presencia e influencia militar
entre 1980 y 2026 resulta insuficiente contabilizar cuántos exmilitares
ocuparon cargos públicos.
Se propone, por ello, construir un Índice de
Militarización Política (IMP-Perú) que considere al menos seis dimensiones:
- Presencia institucional: cargos ocupados por oficiales en actividad
o retiro.
- Influencia política: posiciones de liderazgo, capacidad de
negociación y participación en partidos.
- Redes de poder: vínculos entre Fuerzas Armadas, inteligencia,
Congreso, ministerios y organizaciones de veteranos.
- Conversión de capital: capacidad de transformar rango, experiencia,
prestigio o redes militares en capital político.
- Dimensión electoral: candidaturas, votación obtenida y capacidad de
movilización territorial.
- Dimensión territorial: concentración de apoyo o influencia en
determinadas regiones, especialmente aquellas donde las narrativas sobre
seguridad, conflicto interno y presencia militar tienen mayor peso.
El índice permitiría distinguir entre presencia
militar, influencia militar y militarización política, tres
conceptos que no deben considerarse equivalentes.
CONCLUSIÓN
Entre 1980 y 2026, la relación entre las
Fuerzas Armadas y la política peruana experimentó una transformación
sustancial. El final de los gobiernos militares no supuso la desaparición del
poder castrense, sino su reorganización bajo nuevas modalidades.
Primero predominó la autonomía militar asociada al conflicto
armado interno. Después, durante el fujimorismo, las Fuerzas Armadas y los
servicios de inteligencia fueron incorporados a una estructura de poder cívico-militar. Tras
la caída de Fujimori, se intentó fortalecer el control civil y
despolitizar las instituciones castrenses. Paralelamente,
la
trayectoria de Ollanta Humala mostró que el capital militar podía convertirse en capital electoral. Finalmente,
durante la etapa posterior a 2011, la presencia de militares retirados
se desplazó hacia el Congreso, los partidos y las redes institucionales de
seguridad y defensa.
El fenómeno de los «políticos de origen
militar» debe entenderse, por tanto, como parte de una transformación
histórica del poder castrense, no como una simple suma de individuos con pasado
militar.
La pregunta fundamental para futuras
investigaciones será determinar qué redes, recursos e instituciones permiten
que el capital militar sobreviva al retiro y se transforme en poder político
dentro de la democracia peruana.
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